miércoles, marzo 14, 2012

LA GARZA

Una garza -o una garceta, o garcilla, que de todas estas maneras las llaman los que entienden de estas cosas- caminando por la senda de pavimento duro, para deportistas, que atraviesa el parquecillo que tengo al pie de mi balcón. Se la ve despistada, y sus andares desgarbados resultan cómicos contra el fondo característicamente humano que forman los parterres y la senda recta. Pero llega un momento en que su desconcierto y su desorientación me resultan angustiosos. Y casi estoy a punto de bajar para tomarla entre mis manos y llevarla a un lugar menos conspicuo. Una ráfaga de viento parece ayudarla a reaccionar. Levanta el vuelo y se posa durante unos instantes en el techo de una casetilla de electricidad, antes de perderse, en una nueva remontada, tras unos edificios altos. Me ha dejado pensativo. Un ser inmaculadamente blanco, perfectamente dotado para el vuelo, dando tumbos de borracho en un lugar expuesto. Ni siquiera su huida a destiempo me asegura que su despiste haya sido puramente ocasional. Tal vez algún accidente la ha aturdido. Y pienso en el albatros de Baudelaire: Exilé sur le sol au milieu des huées, / Ses ailes de géant l'empêchent de marcher. 

1 comentario:

cb dijo...

Ay, pobre, a mí me hace pensar en "malferida iba la garza/enamorada./Sola va y gritos daba".