jueves, marzo 08, 2012

SOBREEXCITACIÓN



Por tres veces oigo en el informativo horario de RNE la noticia que da cuenta del afán gubernamental  por defender la necesariedad (sic) de los recortes presupuestarios. Y a la tercera vez me pregunto seriamente si la fealdad del palabro contrahecho no será consustancial a la mezquindad del concepto, a ese esfuerzo mendaz de la realidad contable por presentarse como la única y más trascendente realidad, al precio que sea.


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Ante mi evidente falta de tono vital -¿será la astenia primaveral, que se ha anticipado este año?-, estas simpáticas compañeras me preguntan qué me pasa. "Nada, que necesito cariño". Sigue una bárbara explosión de carantoñas burlonas, acompañada de las correspondientes protestas por parte del elemento masculino. Y el caso es que la broma tiene su efecto, porque la verdad es que, una vez confesada la debilidad, me siento más animado... Y acaso ese sea un inmejorable síntoma: el momento en que los achaques se convierten en comedia sostenida por la coquetería.


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Escribo poco y leo mucho. En otro momento pensé que las proporciones debían ser éstas, y no, como ha ocurrido alguna vez, las contrarias. Pero ahora no estoy seguro, porque esta sobreexposición a la escritura ajena, sin oponerle el contrapunto de la propia, se resuelve en una especie de sobreexcitación... inane. Como someterse a sesiones continuadas de películas pornográficas y negarse, al mismo tiempo, la posibilidad de cualquier desahogo en ese terreno.

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