lunes, abril 02, 2012

FUEGO


Según el estado de ánimo del observador, la lluvia limpia o… deshace.

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En la sierra, solo. Traigo conmigo la treintena de poemas que, casi sin darme cuenta, he escrito desde el pasado otoño hasta hoy. Muchos, sí, como para contradecir la sensación de inactividad que tengo desde que di por terminada mi última novela. La poesía supone una disposición de ánimo y una cierta actitud de búsqueda formal, antes que el tesón y la disciplina, traducidos en horas de trabajo, que exige la novela. La poesía es discontinua. Con todo, hay un momento en que sus resultados han de ser sometidos a examen, y para eso he venido aquí: para procurarme las horas y la concentración necesarias para ese examen. Me acompaña la lluvia. Me acompaña K., que ronda por la casa, algo extrañada de este nuevo arreglo en su siempre impredecible familia. Los gatos, como los niños, son poco amigos de las novedades, y siempre acogen éstas con escepticismo y desaprobación. Algo de esto noto en la actitud de K., que ahora mismo prefiere mantener las distancias y seguir arrebujada en la colcha de la cama todavía caliente. Poemitas a mí, piensa. Y a lo mejor tiene razón.

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También me acompaña el fuego, que he encendido para calentar un poco la casa. Pero no quiero saber nada de la radical solución que plantea a mis incertidumbres. Tan previsible, por otra parte. Porque qué otra cosa puede sugerir el fuego a un hombre dudoso con un puñado de cuartillas en la mano.

2 comentarios:

Sergio Fernández Salvador dijo...

Treinta poemas en medio año, caray, enhorabuena. ¿Quién pintó este precioso cuadro?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, todavía no estoy seguro de que estén logrados. En cuanto al pintor, es Muñoz Degrain. El cuadro creo recordar que está en el Prado.