viernes, abril 13, 2012

PALABROS

Menciona García Pavón en Una semana de lluvia que en Tomelloso llaman, o llamaban, "melones de agua" a las sandías. Como en inglés: watermelon. Lo que me lleva a imaginar la clase de palabros que engendraría el idioma si el paralelismo se extendiera a otras acuñaciones verbales: "manzanas de crema" (custard apples) por "chirimoyas"; "planta huevo" (eggplant) por "berenjena", etc. Aunque esa manera de componer no parece ajena a los habitantes de la Mancha: el propio Tomelloso debe su nombre, nos dice el autor, a un Tomillar del Oso. Lo que me recuerda que no hay idioma que no se retroalimente de etimologías más o menos fantásticas, de formaciones que deben más a la imaginación arrebatada de los hablantes que a la lógica, o del puro capricho. Lo que, después de todo, no le sienta del todo mal a la comunidad entre idílica y extrema -un dulcificado trasunto de la España Negra- que se retrata en ésta y otras novelas del creador de Plinio.


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La extraña, y hasta perturbadora semejanza, que existe entre el placer puro y simple -el que produce una caricia en una zona erógena convenientemente predispuesta- y el alivio del dolor -lo que se siente, por ejemplo, cuando un masajista libera una contractura muscular-. A veces, en estos masajes que me dan para sanarme el hombro fastidiado, hay momentos en que me tengo que contener para no expresar demasiado a las claras la sensación placentera. Tan próxima al dolor, por otra parte: o, más exactamente, su reverso, aunque de idéntica naturaleza.


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Y esta extraña comunidad doliente: hombres jóvenes con alguna lesión causada por el deporte o los accidentes de tráfico; mujeres también jóvenes, poseedoras algunas de ellas de una melancólica belleza marchita, cuyas lesiones parecen deberse más al aburrimiento y a la vida sedentaria que a cualquier otra cosa: hombres prematuramente desgastados, ancianas animosas... No sé muy bien en qué categoría encajaría yo. Si mi agravada tendinitis se debe, como sospecho, a las horas pasadas ante el ordenador, creo que no tengo parangón en esta modesta sociedad de lesionados. O si todo mal del cuerpo, como dicen algunos, responde a algún profundo mal del alma, quizá el mío sea el más gratuito de todos estos daños autoinfligidos; el que más responde a un injustificado cálculo de las propias fuerzas en relación a ese rival formidable, la realidad.

1 comentario:

Anibal dijo...

"Condolientes" como el que echaba de menos Garcia Márquez en el DRAE