miércoles, mayo 30, 2012

CAINITAS

Byron: siempre sale mejor parado en sus propios textos que en los que otros escriben sobre él; incluso cuando esos otros -entre quienes me cuento, porque también yo he escrito algo al respecto- quieren defenderlo y dejar clara la admiración que todavía despierta. No lo digo en detrimento, por supuesto, del prólogo que ha puesto mi amigo JLP a su excelente traducción de Caín. Pero, ¿acaso no resulta esta obra mucho menos cainita de lo que parecen indicar sus rasgos cuando se los enumera en un texto aparte? Porque, sí, en ella se justifica el incesto, se da cabida a alguna que otra teoría heterodoxa de la creación, se afirma bien a las claras la simpatía del autor por la desazón moral y metafísica del personaje... Pero todo eso es, en la obra, tan conforme a la, digamos, verdad poética del drama, que, leído en ella, no llama tanto la atención. Es como si Caín, visto en su salsa -que es como lo ve Byron-, fuera menos cainita -y más comprensible y humano- de lo que lo pinta el parecer general. Es la grandeza de la poesía. Y la pobreza de la exégesis. No sé si me explico.


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Puente cortado por manifestación obrera. Y consiguiente colapso del tráfico -tardo más de dos horas en llegar a casa-. Pero la pretensión, esta vez, es tan ingenua como molesta. Porque, ¿cómo atreverse a exigir, con la que está cayendo, que el estado le saque una vez más las castañas del fuego a una empresa ruinosa? Habría que pedir otra cosa. El definitivo desmantelamiento de la industria pesada, que ya no tiene lugar en Europa, y cuyo mantenimiento a contracorriente crea estas expectativas infundadas. Y que nos pongan a fabricar otras cosas. Si los checos o los polacos lo están consiguiendo, ¿por qué no nosotros?


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Como el autobús se ve obligado a invertir su recorrido a causa del corte de carreteras, el conductor se encuentra en la tesitura de tener que recoger a los pasajeros que aguardan al final del trayecto sin haber soltado antes a los que todavía no han llegado a sus paradas. El despropósito queda pronto en evidencia. Y lo sucedido podría ser una buena metáfora de lo que está sucediendo: un barco que se hunde -o un autobús atestado, tanto da- recogiendo a más pasajeros de los que hubiera admitido su capacidad incluso en circunstancias favorables.

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