jueves, mayo 17, 2012

NECROFILIAS

Sólo hay una cosa tan complicada como convencer a un adolescente aficionado a escribir versos de que aprenda y emplee los recursos que la tradición literaria ha puesto a su alcance: convencer a un menor de veinte años aficionado al cine de que mucho de lo mejor de ese arte está en las películas en blanco y negro. 


Hasta hoy no me había dado cuenta de la semejanza existente entre una y otra imposibilidad. Y de lo más curioso: que ambas pueden darse simultáneamente en un mismo individuo.


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Respecto a lo primero: el único camino por el que un poeta que no desee sujetarse a la métrica puede llegar a librarse de ella es... dominándola.


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Y respecto a lo segundo: tal vez lo que les repugna del cine en blanco y negro a los más jóvenes es que a lo que más se parece la pasión que algunos llegamos a sentir por figuras como Miriam Hopkins, por ejemplo, se parece mucho -en lo que tiene de atracción hacia un fantasma- a la pura necrofilia. Aunque nada más fantasmal, entiendo, que la pura inexistencia material de cuanto muestra buena parte del cine de hoy, hecho casi exclusivamente de imágenes virtuales.

2 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Y lo peor es que en algunos casos, uno se percata de su error, tiene 50 años y entonces ya todo se convierte en anacronismo complicado de solventar.

Viñamarina dijo...

Cuán exacto el símil de la preceptiva tradicional y el cine en blanco y negro!