lunes, mayo 07, 2012

O LIVRO MAIS TRISTE

Se pasó uno la mañana como los toreros: mirando el cielo, a ver si escampaba. Y, milagrosamente, escampó, y la Feria (la del Libro, no la otra, la del Puerto, también deslucida por la lluvia, como lamentaba alguna que otra adolescente que yo me sé) recuperó su pausada normalidad, en la que se incluía que yo firmara ejemplares de mis libros esa tarde. Y firmé alguno, claro. Aunque lo verdaderamente divertido fue constatar, una vez más, que un hombre de casi cincuenta años en una ciudad pequeña no tiene más que sentarse en un sitio concurrido para ver pasar por delante de él, literalmente, su vida entera.


***


Al día siguiente, en cambio, no faltó el sol, que se hizo notar sobre este modesto mercadillo de quincalla en el que distrajimos la mañana. No me atreví a rescatar de la basura, por la roña que lo cubría, una novela de cierto autor local que fue famoso en los años cincuenta y sesenta; pero sí me llevé, por cincuenta céntimos, una edición facsímil de , el emblemático libro del crepuscular portugués Antonio Nobre, o livro mais triste que hai em Portugal, según declara el propio autor en el poema-prólogo... Y con ese compendio de tristezas bajo el brazo me hice hueco en la terraza de la cervecería más ruidosa del pueblo, que ese día, en su honesto jolgorio de pobres -le digo a M.A. que el paisaje urbano parece haber retrocedido a las costumbres y estampas de los años sesenta-, se me antojó tremendamente... portuguesa.


***


Lo que más cohíbe de estas películas semipornográficas que el director argentino Armando Bó se montaba con su mujer, la abundosa Isabel Sarli, es la sensación que uno tiene a veces de estar asistiendo a la filmación de fantasías de pareja estrictamente privadas. Y que esos ojitos nostálgicos que el director pone en los papeles de comparsa que él mismo interpreta en sus películas expresan... no sé cómo decirlo... una hondísima verdad, que solamente él entiende.

No hay comentarios: