viernes, junio 08, 2012

APOLOGÍA Y PETICIÓN

Recibo la liquidación anual de ventas de las novelas que integran mi trilogía. Y aunque las cifras son pequeñas -un derrotista diría que insignificantes-, a mí me producen cierta alegría, porque indican: a) que mis lectores, los que tengo, son de una fidelidad a toda prueba; y b) que de las tres novelas se han vendido prácticamente el mismo número de ejemplares, lo que me hace aventurar que muchos de quienes han leído una de las entregas de la trilogía se han sentido inclinados a leer las otras dos. Quien no se consuela es porque no quiere. Yo estoy contento. Presuman otros de vender centenares de miles de ejemplares. Yo sólo vendo unos poquitos, pero bien repartidos.


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Hojeo -en el autobús, cómo no, que se ha convertido en mi gabinete de lectura- estos Estudios sobre la Guerra de la Independencia Española en la Sierra de Cádiz que han llegado a la biblioteca escolar de la que me ocupo. Muy oportunamente, porque este fin de semana, y en el contexto de mis devociones serranas, me dispongo a asistir a unas jornadas de lo mismo. Habrá amistad, seguramente, y habrá también una cierta ilusión compartida de que, en este ambiente que muchos hemos elegido como escenario habitual de nuestros ocios, puedan escenificarse de vez en cuando los rituales de la cultura socializada. Y no porque uno los eche de menos (más bien es lo contrario); sino porque agrada ver caras nuevas y un cierto movimiento. Y porque el tema, qué demonios, me interesa. Aunque no sé si, en mi declarada condición de afrancesado, que ya me causó algún contratiempo hace años con los lectores de mi columna semanal, mi presencia será del todo bien recibida.


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Aunque lo primero que me llama la atención de esta pulcra recopilación de estudios históricos es que, apartándose del tono habitual de exaltación patriotera, demuestran una desacostumbrada objetividad; por ejemplo, cuando mencionan los episodios de alucinante crueldad que cabe atribuir a las guerrillas antinapoleónicas, y que espantaron incluso a algunos militares del bando patriota. También Goya supo que esta violencia descontrolada no conocía banderas: algunas de las escenas aquí descritas podían haber tenido cabida en sus Desastres: por ejemplo, las que hablan de mujerucas embriagadas de sangre y ocupadas literalmente en sacarles los ojos a los heridos; o de ejecuciones masivas, o de pueblos saqueados por los guerrilleros después de haberlo sido por los franceses... De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España, / porque termina mal..., decía Gil de Biedma en su célebre Apología y petición. Pero lo verdaderamente preocupante es eso: que todavía no sabemos si ha terminado.

3 comentarios:

Portorosa dijo...

Pues a mí me ha encantado aquella columna, que no había leído.

Sara dijo...

Tomarme el café de media mañana con Columna de Humo se ha ido convirtiendo en todo un ritual de lujo para mi ¡y encima hoy viene con obsequio! Buenísimos artículos los dos. (Y gracias por estar ahí, la lectura de la prensa española por la mañana cada vez me sienta peor!). Saludos

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias a los dos. Me alegro especialmente de que les haya gustado ese viejo artículo de 2008. No siempre un artículo de periódico encuentra lectores varios años después de haber sido escrito. Saludos.