miércoles, junio 27, 2012

INCONTINENCIAS

Gastroenteritis. La sensación de que el vientre descontrolado, la anómala absorción de líquidos y la llamada "dieta blanda" te dejan sin centro de gravedad. Flota uno ahora, ayunado y vacío, en la esfera de los espíritus puros. De donde nunca debió uno salir, ay.


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En realidad, el efecto más grave de este trastorno es que, mientras dura, hace pivotar tu vida en torno a ciertas instalaciones higiénicas elementales, de las que conviene no alejarse demasiado. Y se acuerda uno, bajo esta afección de casi incontinencia, de algunos grandes incontinentes crónicos, como lo fue, por ejemplo, el cineasta y director teatral Ingmar Bergman, que exigía por contrato que le construyeran un retrete a pocos pasos de los escenarios donde debía trabajar. O de cierta encumbrada dama del panorama político nacional, a la que protocolariamente se le debe -eso dicen las malas lenguas- ese mismo trato.


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Por eso mismo ayer me quedé en casa, en lo que fue una mañana bastante productiva: acabé un relato del nuevo libro, revisé otro, retoqué algunos poemas recientes, añadí un texto a otro libro en pruebas... No es uno partidario de los chistes fáciles, pero no puedo dejar de constatar que esta súbita anarquía de los menudillos de uno se ha traducido, a lo que parece, en pura incontinencia... verbal. 

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