lunes, junio 25, 2012

LOS DEL NORTE

Lo que llamo "la conexión norteña", la relación de afinidad más o menos expresa y amistad, aunque sea reducida a los términos de la sociabilidad literaria, que tengo con algunos escritores más o  menos de mi edad procedentes del norte de la Península. Se mantiene desde hace más de un cuarto de siglo, y no sabría decir cuál fue su origen. ¿El que esos -entonces- jóvenes escritores del norte percibieran como grupo afín -y, en algunos aspectos, creo, ligeramente aventajado- a los que nos movíamos en el eje Cádiz-Jerez-Sevilla y nos aglutinábamos en torno a revistas como Fin de Siglo, Contemporáneos, Renacimiento, el suplemento Citas, etc., y teníamos como referentes, entre los escritores de la generación anterior, a Francisco Bejarano, al editor, además de poeta, Abelardo Linares, al crítico y poeta Fernando Ortiz, etc.? Ellos tenían a José Luis García Martín y a Víctor Botas, tenían la tertulia del café Oliver, en Oviedo, las revistas Escrito en el agua y Reloj de Arena...  Y lo que ocurrió, entiendo, es que hubo la inevitable constatación mutua de que, en más de un aspecto, los de allí y los de aquí teníamos inquietudes parecidas, gustos y referencias coincidentes, ideas similares en torno a lo que debía o podía ser la literatura que queríamos escribir. Lo otro, la relación amistosa, vino después.


Recojo en el apartado de correos dos libros que me llegan en virtud de esa ya larga conexión, ampliada con los años a otros poetas no pertenecientes al círculo asturiano: Catálogo de asombros, una recopilación de artículos de Javier Almuzara, y Violeta profundo, el último poemario del cántabro Rafael Fombellida. Escribo esta nota después de haberles dedicado una feliz hora de hojeo, antes de embarcarme en la lectura atenta que merecen. Del de Almuzara anoto el arranque del primer artículo: "Escribir un soneto es muy difícil. Escribir cientos es muy fácil, a poco que uno se descuide". Y este otro: "Aprovechando que Francis Bacon está en el Prado, decido ir al Thyssen". Leo también "Ocho cortos de Charlot" -otras tantas atinadas observaciones sobre el cine de Chaplin- y los habituales apuntes venecianos, que responden a una declarada querencia de este autor. Son artículos aplicados, sinceros, entusiastas, bien pensados y escritos. Recopilar esta clase de textos es siempre algo heroico. Pero yo soy de los que, cuando encuentro un libro de artículos en una librería de viejo, invariablemente lo compro. Que el autor me haya mandado el suyo recién publicado me adelanta el trabajo.


En cuanto al de Fombellida, la curiosidad y un primer golpe de vista me llevan a leer poemas como "Cinéma verité", "La noche", "La cuenta del bebedor", etc. Me parecen, de entrada, que están entre los más certeros, directos y fluidos que ha escrito su autor; y que el estado de gracia en que éste se encuentra, literariamente hablando, se debe, seguramente, a que estos poemas responden a una verdad vital, o a un conjunto de verdades, que dictan su propia necesidad de ser dichas, y que, por tanto, ahorran al autor ese cansino esfuerzo, tantas veces perceptible en muchos poemas, de imponerse un tema y vestirlo luego con palabras. No hay aquí nada de eso. Los poemas fluyen como en una conversación brillante e inspirada; en la que el autor, además, tiene el capricho, o la urgencia, de presentarse tal como es, de dejar dicha su verdad, incluso cuando ésta pueda resultar hiriente o poco grata de oír. Llama la atención que muchos de estos poemas estén dirigidos a una interlocutora femenina, sobre la que se ejerce una especie de seducción verbal a la inversa, como esperando de ella la alta prueba de amor que supondría la aceptación de esas confidencias acerbas. Entre ellas, ésta, que parece hacerse eco del sarcasmo con que Almuzara  alude al pobre Francis Bacon: "Parezco un Lucian Freud, me dices abatida".


Estas alegrías encuentro en mi apartado de correos algunos sábados. 

1 comentario:

arati dijo...

Pues que afortunado eres. Yo sólo recibo facturas y publicidad de Mediamarkt.

Un abrazo y ánimos con esa ola de calor.