jueves, junio 14, 2012

OTRO

La clara relación existente entre mi persistente lesión de hombro y las horas pasadas ante el ordenador me pone en la extraña tesitura de pensar que escribo en detrimento de mi salud. Más o menos lo que decía Manuel Machado en el poema que empieza: "El médico me manda no escribir más...". Y lo curioso es que esta cuasi certeza me llega justo cuando, todavía en la resaca de la trilogía recién escrita, empiezo a plantearme dudas sobre la necesidad y pertinencia de todo este esfuerzo. Quizá sea verdad eso de que hay que escuchar al cuerpo, como dicen los santones de la medicina alternativa. Aunque sea a costa de cerrar oídos a todo lo demás.


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Porque lo que de verdad me pregunto ahora es: de no haber dedicado tantas horas diarias durante tantos años a escribir mis veintitantos libros -de los cuales ninguno ha sido leído por más de unos pocos centenares de lectores, y a veces ni eso-, ¿a qué otras cosas podría haber dedicado mi tiempo? Podría haber hecho, creo, una aceptable carrera de traductor, por ejemplo, que me hubiera permitido ganarme la vida sin salir de casa; o podría haber ahondado un poco más en mi carrera académica -ahí está mi desdichada tesis doctoral, sin terminar-; o incluso haber hecho alguna que otra faena de lucimiento, de esas que redundan en cierta holgura profesional, en el empleo con el que me gano la vida.... Todo eso lo he ido dejando de lado en nombre de mis querencias puramente literarias. Y qué he sacado a cambio: un hombro lastimado. Es como para planteárselo, desde luego.


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Aunque, ahora que lo pienso, las alternativas que acabo de mencionar tienen también un ingrediente de vanidad intelectual. También podría haber sido, por qué no, un aceptable escayolista, como lo fue mi padre -algo de mis pinitos en ese oficio cuento en mi novela Vida nueva-. Pero la verdad es que, con la que está cayendo, tampoco parece muy sensato soñar con haberse dedicado al muy honrado oficio de la construcción, hoy tan de capa caída. Me imagino que uno no puede evitar ser lo que es. Incluyendo estos esporádicos ataques de nostalgia por ser otro.

2 comentarios:

Inmaculada Moreno Hernández dijo...

Dos cosas, José Manuel:
1ª¿Lo del otro va con segundas? ¿Por qué si no hablas de Manuel y pones la foto de Antonio? Tiene que ser Antonio ¿desde cuándo Manuel ha llevado la solapilla de la chaqueta hecha un "gorroñuño"?
2ª No seas otro y sigue siendo escritor, por favor.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Solucionada la pifia. La retentiva no es lo mío. Gracias.