martes, junio 12, 2012

PIEL DE GALLINA

Poniente desabrido, rozando el mar a contrapelo. Los escasos bañistas, pegados a la arena, como para absorber el calor directamente de ella , a resguardo del viento. Los miro desde la ventana de mi lugar de trabajo. Venus en topless saliendo del agua. También ella debe de tener la piel de gallina. Y sólo la distancia le presta esa majestuosa cualidad estatuaria. Esta bendita distancia, que lo vuelve todo... inocente.


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Pantaleón y las visitadoras, resulta evidente, es una sátira. Lo que no tengo claro es de qué. No del ejército, desde luego. Ya quisiera uno, para otras cosas, la reconocida capacidad organizadora de Pantita. ¿De la hipócrita moral vigente? Tampoco, porque el mero hecho de que se escriban novelas como ésta denota el amplio margen de tolerancia que han desarrollado -con sus momentáneos retrocesos, por supuesto- determinadas sociedades. Una sátira, si acaso, meramente formal. Y no por ello inocua. Como las de Persio.


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Me piden que recomiende un libro para el verano. Quienes me anteceden han mencionado, sobre todo, novelas. Alguno -lo suscribo-, algún cómic de Paco Roca. Una chica entusiasta recomienda un libro de Bakunin, lo que nos lleva a recordar que el Manifiesto comunista deMarx se ha convertido en un best-seller en los últimos tiempos. Uno, humildemente, se limita a sugerir que también se lea poesía, sin llegar a concretar autor o libro. Tampoco ahora sabría concretar más, ¿Los dos tomos de The Collected Poems de William Carlos Williams, que me regaló M.A. por mi santo? Mirando un poco más cerca, encuentro sobre mi mesa el tomito con la Poesía Completa de Víctor Botas que acaba de publicar Siltolá. Hubiera quedado como un rey recomendando eso. Pero la timidez (más bien, este inexplicable temor a exponer demasiado) le juega a uno esas malas pasadas. A veces.

1 comentario:

Esperanza dijo...

Me asombra esa timidez de la que hablas a veces. Es curioso cómo los escritores sois capaces de volcaros y desnudaros vosotros mismos en vuestros escritos constantemente y después confesáis (algunos, claro) esa timidez que se me antoja casi infantil... ¡Me encanta!