martes, julio 03, 2012

COBALTO



A las dos de la tarde pasadas me llama este amigo pintor que, junto con otros de la Sierra, ha venido a exponer a Cádiz. "Verás, que hemos decidido por unanimidad que seas tú quien diga unas palabras en la inauguración". La inauguración es esa misma tarde. Así que, sin papeles y sin haber tomado una sola nota, improviso un discursete ante la concejala de turno y los invitados. Meto la pata, claro. Confundo "cadmio" con cobalto", por ejemplo. Pero sólo el aludido -un pintor al que caractericé por su uso de los azules- se da cuenta. El resto elogia mi "facilidad de palabra", lo que no deja de causarme cierto estupor. Facilidad de palabra es otra cosa: una cierta capacidad de encantar a los demás con un discurso no necesariamente original ni profundo, pero sí bien dicho. La tiene mi amigo L.M.D., por ejemplo, a quien siempre nombramos portavoz del jurado literario en el que coincidimos. Lo mío es otra cosa: una cierta facilidad para hilar las ideas que tengo sobre cosas que me han ocupado o interesado alguna vez. Y la labor de estos pintores amigos, cuyos estudios he visitado y a los que he visto trabajar en muchas ocasiones, es una de ellas.


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En este país los problemas de índole administrativa rara vez se resuelven acudiendo en primera instancia a la ventanilla correspondiente, sino casi siempre mediante el recurso a un conocido. "Fulanito es vecino mío", "Mengano juega conmigo en el club de tenis", "Zutano fue compañero mío de colegio". Y a través de estos contactos averigua uno qué tecla tocar. No es corrupción, porque el benefactor rara vez obtiene recompensa alguna por su mediación, ni tampoco el beneficiario consigue otra cosa que lo que le corresponde por derecho. Si acaso, podría hablarse de tráfico de información privilegiada; pero tampoco lo es, porque la información que se da suele ser -salvo excepciones, claro- accesible al público general. ¿Cómo llamar entonces a esa manera un tanto sinuosa de resolver estas cuestiones? Y el caso es que, para los no avezados en tales procedimientos, como es mi caso, la mera existencia de este circuito extraoficial genera no pocas inseguridades respecto a la propia capacidad de defenderse en la selva administrativa. Porque, ¿a dónde acude quien no tiene a donde acudir? A la ventanilla, claro. Pero qué desamparo tener que servirse de mera información anónima y objetiva, cuando todo el mundo, aparentemente, está tan bien respaldado.


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Hoy es mi primer día de verdaderas vacaciones. Por eso me he levantado temprano y me he puesto a escribir. Cada uno se divierte como puede.

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