lunes, julio 16, 2012

EXTREME COOKING

A primera hora de la mañana el soplo del levante es fresco. Sentado junto al balcón, con la persiana a medias, siento la corriente fría envolverme las piernas y, por así decirlo, vivificarme, después del embotamiento del sueño. Uno quisiera empezar el día siempre así, en armonía con la luz y el clima, y con el ánimo predispuesto, digamos, a una gradual aceptación de la realidad. Pero no es lo habitual. Lo normal es caer en ella como un gato caería en un perol de agua hirviendo.Y salir escaldado y maullando.


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Pruebo una bárbara delicatessen local, que aquí llaman "tachuelas": un higadillo de conejo aplastado y asado a la plancha, metido entre dos finas y crujientes rebanadas de pan... Está exquisito, y tiene un sabor impensablemente delicado. Quiere el azar que haga este descubrimiento en compañía de un inglés, amigo de amigos, con el que hemos compartido buena parte del fin de semana. "I don't mind extreme cooking", me justifico, mientras él, más sensato, se atiene al límpido pescado frito de la casa, sin trampa ni cartón. Estamos en el bar más populoso de la ciudad. Y mientras aprovecho la ocasión para desentumecer, aunque sea a gritos, mi inglés, me acuerdo de C., que está haciendo lo propio en Boston, y que, con dramatismo adolescente, nos acaba de comunicar que se le están acabando los fondos...


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Al día siguiente, con la misma compañía, en el estudio de J.M. Nos muestra su obra menuda: grabados, acuarelas, cuadros de pequeño formato en aguazo -óleo muy diluido, que da un efecto similar al de la acuarela-. Los vende muy baratos; no ya por resignación -que también-, sino, entiendo, por una especie de desprendimiento de la obra propia, que para un escritor, que nunca experimenta esa sensación de pérdida material, resulta más bien incomprensible. Nuestros amigos se llevan un par de cuadros: dos bellísimas marinas. Pequeños lujos asequibles dentro de la precariedad general, a la que no son (no somos) en absoluto ajenos. Es el mismo sentimiento que hace que los bares -no así los restaurantes- estén a rebosar. Y vamos tirando.

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