jueves, julio 19, 2012

PRELIMINARES

Arranca el día con cierta dificultad, y de hecho no me siento ante el ordenador -que es el momento que puede señalarse como el inicio de mi jornada efectiva- hasta pasadas las once, a pesar de que llevo levantado desde las siete. Se entiende que los alemanes no se fíen de nuestra productividad. En mi caso, puedo justificarme. Si estuviera escribiendo una novela, como he estado haciendo en los últimos años, hubiese iniciado la labor a primera hora de la mañana y no hubiese parado hasta la hora de almorzar. Y es que la escritura de una novela tiene algo de trabajo de peón: hay que fajarse y apencar durante seis o siete horas seguidas. Lo que estoy haciendo ahora, en cambio, es de naturaleza discontinua, y avanza por tanteos. Antes de emprender un nuevo relato hay que jugar un poco con las ideas, releer lo escrito en los días anteriores, retocar, dar por descontado que puede haber -aunque no siempre- algún que otro arranque en falso. Lo mismo pasa con la escritura de los poemas, y por eso ambos géneros suelen coexistir en un mismo periodo creativo, al menos en mi caso. Y esa actividad discontinua, de tanteo, no puede sujetarse a horario, porque la primera decisión sujeta a todos esos imponderables de la voluntad es la de sentarse a trabajar. 


Así que suena el despertador a las siete, que es cuando se levanta M.A. y yo, aunque a regañadientes, me desvelo también. No me apetece desayunar, o no tengo por qué hacerlo tan temprano, así que doy vueltas en la cama, intercambio algún comentario con M.A., que se apresura a vestirse para acudir a su trabajo, pruebo a hacer unos minutos de la gimnasia que me han prescrito para el hombro fastidiado, a continuación me aplico hielo en la zona dolorida, leo, miro el correo electrónico y los cotilleos de Facebook, desayuno, ordeno la casa, bajo a comprar el pan, pierdo unos minutos ojeando alguno de esos fascinantes bazares de maravillas que regentan los chinos... Y así me dan las once, ya despierto y con la mente predispuesta a pescar, en ese primer caos de imágenes con el que ha arrancado el día, las ideas necesarias para empezar a escribir. Y funciona.   

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