miércoles, julio 18, 2012

REESCRITURAS

La escritura del libro de relatos va entrando en velocidad de crucero; es decir, en el momento en el que las ideas hasta hoy postergadas en nombre de otros proyectos afloran de nuevo y nutren un ritmo de trabajo que ya no quiere interrupciones ni admite vacilaciones. Es el momento más intenso de la escritura, no sé si el más feliz, porque también incluye el vértigo de no poder permitirse todavía la reescritura minuciosa, las reconsideraciones demasiado exigentes, la vuelta atrás. Ahora el monstruo se limita a crecer. Ya vendrá la poda.

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Poder decir lo anterior lo justifica a uno. No sé ante quién o a efectos de qué, pero te quedas más tranquilo. Como a salvo de una acusación de impostura que nadie, que yo sepa, ha formulado.

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Mi padre: "Mentalmente, no me parece que tenga la edad que tengo". A mí me pasa lo mismo. Difícilmente puedo ponerme en la piel de un hombre que frisa los cincuenta. En el mejor de los casos, voy dando por resueltas algunas cuestiones pendientes desde mi adolescencia y situándome con alguna dificultad en una madurez más o menos resolutiva. Nadie termina de reescribir su vida. A lo sumo, llega uno a la edad límite con la sensación de haber tenido tiempo de revisar solamente las primeras cuartillas.

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