lunes, agosto 06, 2012

EL RARO



Me trae C. de Boston un libro de gran formato titulado Years of Wrath, A Cartoon History: 1931-1945, que es una recopilación de las viñetas que el dibujante David Low publicó en el London Evening Standard durante la Segunda Guerra Mundial y sus preliminares. El libro, editado en 1946, hace honor a su título: realmente, las viñetas de Low constituyen un relato pormenorizado de los acontecimientos políticos, sociales y militares que se sucedieron en ese agitado periodo histórico, a la vez que ofrecen una certera interpretación de los mismos. Y lo curioso es que algunas de las viñetas conservan su mordiente incluso hoy: por ejemplo, una en la que se ve un bote a punto de naufragar en un mar tormentoso. Los ocupantes de la popa tratan desesperadamente de achicar el agua que inunda la embarcación, mientras los de la proa, todavía precariamente por encima de la línea de flotación, suspiran de alivio y dicen: "Uf, qué vía de agua tan  molesta. Gracias a Dios que no está en nuestra parte de la barca". El dibujo, referido a los coletazos de la crisis del 29, podría aplicarse perfectamente a la que hoy amenaza a las economías occidentales. O esa otra viñeta, publicada ya en 1946, en vísperas de la edición del libro: en una mesa de operaciones yacen los pedazos de la recién desmembrada Alemania, que un equipo de cirujanos se dispone a recomponer; y uno de ellos dice a los demás: "¿Cómo? ¿Coserla de nuevo? Cualquiera diría que queréis que el paciente se recupere...". La recomposición del monstruo despedazado se completó, como todo el mundo sabe, en 1990. Y las consecuencias -la reavivación de las pretensiones hegemónicas alemanas sobre el resto de Europa, aunque esta vez sean meramente económicas- las estamos padeciendo hoy.


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Pero no sé por qué aludo a la crisis en estas anotaciones, cuando lo cierto es que llevo diez días sin leer un periódico, sin ver la televisión, sin escuchar la radio... Y la verdad es que recomiendo a quien quiera escucharme esta dieta de desconexión temporal de la realidad. Nuestra rutina, en lo que han sido unas pequeñas vacaciones dentro de las vacaciones, se ha alimentado de lecturas, paseos, ratos de charla con amigos; y, muy destacadamente, de películas, algunas elegidas por mero capricho, y otras a raíz de la relectura que ando haciendo de Moteros tranquilos, toros salvajes, el tocho de Peter Biskind sobre el cine norteamericano de los 70, que reseñé en su día para El Cultural... Anoto aquí, a modo de recordatorio, las películas vistas a lo largo de la semana: Maridos (Husbands), de John Cassavetes (sábado); Los vividores (McCabe and Mrs. Miller), de Robert Altman (domingo); Contratiempo (Bad Timing), de Nicholas Roeg (lunes); Chloe, de Atom Egoyan (martes); THX 1138 y American Graffiti, de George Lucas (miércoles, sesión doble); La piscina (La piscine) de Jacques Deray (jueves); y El viaje de Felicia (Felicia's Journey) y Exotica, de Atom Egoyan (sesión doble, viernes)... Las películas, vistas a media tarde, con la mente en las mejores condiciones posibles (y no en el estado de lamentable postración en que suele encontrarse al final de los días laborables), han sido el hilo conductor de estas minivacaciones, y ofrecido materia de reflexión y conversación infinitamente más compleja e interesante que la aburridísima crónica de falsedades con la que nos alimentan los telediarios. Han sido nuestra realidad de estos días. Que por eso, y por algunas cosas más que no apunto aquí, han sido especialmente intensos.


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Casi todo el mundo -entre ellos, mi hostelero de cabecera- se rasga las vestiduras ante mi declarada aversión al queso... Y el caso es que éste es el único alimento con el que no transijo, mientras que, entre mis indignados interlocutores, raro es el que no suma media docena de aversiones alimentarias tan arbitrarias como la mía, si no más: a la carne de ciertos animales, al pescado, ¡incluso al marisco! Para que luego digan que el raro es uno.

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