miércoles, agosto 22, 2012

PECES


A pesar de que me mantengo firme en mi propósito de no leer periódicos ni seguir ningún otro medio de comunicación, hay momentos en que baja uno la guardia y, ¡zas! se desliza en tus oídos un trozo del aburrido e inmutable discurso noticioso con el que nos llevan castigando meses, o quizá ya años: mientras busco un documental para distraer la sobremesa, me detengo unos segundos en el telediario de la televisión oficial, donde están informando -es un decir- de que casi ninguna comunidad autónoma va a cumplir el límite de déficit prescrito para este año... Menuda noticia para un mes de agosto. Casi prefiere uno algún nuevo avistamiento del entrañable monstruo del lago Ness. Han sido sólo unos segundos, pero suficientes para corroborar que la llamada actualidad no se ha desplazado ni un milímetro en las últimas cuatro semanas; o, peor, que el discurso oficial sobre la crisis, que no pretende otra cosa que culpar de la misma a los ciudadanos, en su condición de presuntos beneficiarios directos del gasto público desbordado, no ha cambiado lo más mínimo. Uno preferiría otra clase de noticias. Que dieran cuenta, por ejemplo, de la detención y juicio público de los malos administradores y de los verdaderos beneficiarios directos de su mala gestión: los políticos corruptos y sus redes clientelares. Al tiempo. Pero qué largo nos lo fían. Mientras tanto, prefiero ver documentales de pececitos.


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Para la siesta, peces. Hay documentales mucho más apasionantes -vi no hace mucho uno, por ejemplo, sobre los números fractales y su presencia en infinidad de procesos naturales aparentemente no sujetos a ningún patrón lógico-matemático. Pero con documentales como ésos se le abren a uno los ojos como platos y se le dispara la imaginación; y, por tanto, están absolutamente contraindicados a la hora de la siesta.


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Nunca el escapismo -del que alguna vez me han acusado- ha estado más justificado. Porque de lo que se trata es de eso: de huir de aquí.  

2 comentarios:

Rafael dijo...

La pregunta que acompaña al que decide huir es: ¿a dónde?

Sergio Fernández Salvador dijo...

Ojalá lo viéramos, ese juicio público, pero me temo que la misma justicia forma ya parte de esas redes clientelares. Huir, quién pudiera.