lunes, septiembre 10, 2012

FINLANDIA

Esta "playa urbana" nuestra se parece mucho en septiembre a la calle principal de cualquier pueblo. Recorrí un buena tramo de la misma, descalzo y con los zapatos en la mano, el viernes a primera hora de la mañana, camino del trabajo, y me extrañó la sensación de que la distancia, recorrida de este modo, se hizo mucho más corta que por las aceras del Paseo Marítimo, y eso a pesar de que a esa hora la marea estaba alta y no había apenas espacio de arena dura sobre el que caminar, lo que dificultaba un tanto la marcha. Pero imagino que estos cálculos subjetivos de distancias no tienen otro fundamento que el ánimo de quien las recorre, y el mío suele ser más partidario, en estas escasas mañanas laborales de cierta flexibilidad horaria, de las sensaciones que depara la orilla del mar que de las algo encanalladas aceras del Paseo, con sus detritos de la noche anterior y su deprimente panorama de terrazas desiertas y comercios con la baraja echada.

También al día siguiente, sábado, recorrí otro buen tramo de playa, esta vez cerca del mediodía, en lo que podía considerarse la hora punta de esta peculiar calle que no conduce a ninguna parte, y que la gente recorre en actitud entre deportiva y contemplativa, según. Y me crucé, como correspondía, con un buen número de conocidos, que oficiaban así su particular despedida del verano. Porque lo cierto es que se anuncian ya los primeros temporales, y con ellos la súbita transformación de este agradable bulevar de arena en un desflecado borde litoral azotado por las olas. Pero aún queda tiempo.


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A New Leaf (Corazón verde, 1971), de Elaine May: una pequeña sorpresa; y la prueba de que el desparpajo fílmico e ideológico que iba ganando el cine de la época era perfectamente aplicable a la comedia tradicional. La veo con cierta nostalgia, aunque no sé muy bien de qué. La década no había engendrado aún los grandes mamotretos (El Padrino, El exorcista, etc.) que habían de caracterizarla. Y todavía parecía posible, aunque fuera a contracorriente, una cierta... ligereza. La que podía aportar esta mujer bienhumorada y tremendamente inteligente, en un tiempo en el que eran unas decenas de tipos barbados y excesivos quienes marcaban la pauta.


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Es curioso que Finlandia, cuyos dirigentes se dedican ahora a sermonear impenitentemente a los pueblos del sur de Europa, a los que consideran perezosos y despilfarradores, fuera conocida durante décadas como "la Italia del Norte", por el contraste que ofrecía con sus mucho más formales y desarrollados vecinos nórdicos. Borrachos -tenían, y no sé si tienen aún, la tasa de alcoholismo más alta de Europa-, excesivos y un tanto maleados por un igualitarismo impostado, ideólogicamente justificado por la dependencia geoestratégica que el país tenía de la URSS, ahora se dedican a darnos lecciones. Ellos.

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