martes, septiembre 04, 2012

ÍNTIMOS

Como voy cansado y no tengo ganas de leer, pego el oído -en realidad, no me queda otro remedio- a la conversación telefónica que mantiene la pasajera del asiento de atrás. Entiendo que va a casarse, e intenta dejarle claro a su interlocutora -su madre- que el almuerzo que ha organizado para la ocasión será "íntimo y modesto": "sólo cincuenta personas", dice, frente a las ciento treinta que hubo "la vez anterior" -y no sé si esa vez se refiere a la boda de otro pariente o a una propia-. No me atrevo a volverme para mirar a mi parlanchina compañera de viaje, pero, por el tono de voz, deduzco que no es una chiquilla. "Será una cosa modesta", insiste. Y luego atiende a lo que deduzco que es un intento de su madre por repasar la lista de los invitados. "No, no, a X. la quiero mucho, pero... no puede ser. Y a Z. no le voy a pedir que se pague el cubierto, con la que está pasando...". Yo ignoraba que, entre las prácticas modernas aparejadas a la organización de bodas, figuraba la posibilidad de sugerir a algunos invitados que se paguen su comida. La mujer remata la conversación con un recordatorio del lugar, día y hora. "Una cosa sencillita" vuelve a decir, como si fuera ella misma la que no anda muy convencida. Cincuenta personas. Una multitud o una insignificancia, según donde uno quiera poner los límites de su círculo más íntimo. A mí, creo, me bastaría con la mitad, y aún serían demasiados.

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La máscara de la muerte roja, de Roger Corman: la mejor película, entiendo, de la serie de adaptaciones que hizo de relatos de Edgar Allan Poe. La genialidad de Corman, se ha dicho muchas veces, fue engordar los argumentos de Poe, para que alcanzaran la duración normal de una película, mediante materiales procedentes del acervo de ese mismo autor, de manera que en las tramas de las películas más logradas de la serie apenas se notan los añadidos, y el resultado es de una ejemplar coherencia, así como una impensada fidelidad a los textos de partida. 

En esta película, por ejemplo, basada en un relato que es poco más que una metáfora -un potentado se encierra en su palacio, con sus invitados, para esquivar la peste que azota sus dominios, hasta que la enfermedad acaba irrumpiendo en el castillo en forma de una extraña figura enmascarada-, la idea básica se expande a partir de preguntas que cualquier lector del texto de Poe podría haberse formulado. ¿Por qué este potentado vuelve la vista a la realidad y a sus obligaciones? Porque -se dicen Corman y sus guionistas- es un tirano que no siente el menor escrúpulo en abandonar sus súbditos a su suerte. ¿Por qué la peste acaba irrumpiendo en su palacio? Porque hay una serie de acontecimientos que hacen que los súbditos contagiados de la mortal enfermedad lleguen a las puertas del mismo. Los guionistas -el viejo especialista Charles Beaumont, el artesano R. Wright Campbell- tienen además el acierto de incorporar a la trama el argumento íntegro de Hop Frog, otro siniestro relato de Poe, que cuenta la horrenda venganza que un bufón enano lleva a cabo sobre sus despiadados amos. Corman y sus guionistas aciertan a ver que la segunda historia no es, en realidad, sino un desarrollo más detallado de la situación algo más abstracta que cuenta la primera. La película resultante es sencillamente magistral. Y uno, que anda últimamente revisando el cine que hicieron, apenas unos años más tarde, los discípulos más afamados de Corman -Coppola, Scorsese y demás- casi lamenta que éstos no heredaran esa maravillosa habilidad compositiva. 

Sólo dos años separan esta película, por cierto, de Los ángeles del infierno (1966), que entronca ya con la estética y obsesiones del cine del llamado Nuevo Hollywood, y que es imposible no relacionar con Easy Rider (Dennis Hopper, 1969) o, premonitoriamente, con Gimme Shelter (1970), el inquietante documental de los hermanos Maysles sobre el asesinato de un negro a manos de los Ángeles del Infierno en un concierto de los Rolling Stones.

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Las mejores playas son siempre las que vemos desde la ventanilla del autobús que nos lleva a nuestras obligaciones.   

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