jueves, septiembre 06, 2012

OJOS DE PALLADIO

Cambia el sentido de la realidad en función de las horas dormidas o no, y del estado de ánimo resultante. Y bastan dos días de horarios laborales para que la bendita lucidez de las primeras horas de la madrugada en los días de ocio desaparezca. Ayer ya casi no fui capaz de permanecer despierto mientras duraba la habitual película de después de cenar. Claro que era Ocho millones de maneras de morir, la última y peor de las que hizo el malogrado Hal Ashby. Pero ni siquiera eso, ay, me rehabilita ante mis propia conciencia de persona que vende, como casi todo el mundo, lo mejor de su tiempo. 

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Consejos atípicos de un padre a su hija: cuando no hay futuro, es el mejor momento para elegir carreras que nunca lo han tenido, y disfrutarlas.

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Harold Acton sobre la crisis (la del 29): Los políticos predicaban el ahorro, de modo que todo el mundo se puso nervioso y dejó traslucir su determinación de escatimar en la elección de su propio entorno. Sin embargo, mi hermano seguía viendo las cosas con los ojos de un Palladio y vivía de acuerdo con esa tradición. Por eso no pude convencerlo de que la realidad entera estaba abocada a sufrir un menoscabo.

Lo que es una manera fina de decir que, para habitar esa otra realidad libre de menoscabo, hay que merecerlo. Todo lo contrario, en fin, de lo que uno ve en el obsceno mercado del lujo que suele prosperar en las épocas de crisis. Porque ¿qué millonario tenía, en la década que siguió al crack, "los ojos de un Palladio"? Eso, en todo caso, quedaba para los decoradores, como el propio hermano arquitecto de Harold.