lunes, septiembre 03, 2012

YEGUA NOCTURNA

El mercadillo de pintura que estos amigos organizan en el pintoresco Callejón del Norte, en Ubrique, se parece mucho a lo que uno considera que debía ser el prototipo de la actividad cultural: sencilla, simple, modesta, entusiasta, surgida de la iniciativa particular y sin otra intervención de las autoridades que la aprobación sincera, cuando procede, y la eliminación de trabas que compliquen innecesariamente su realización. Si, además, como hizo el ayuntamiento de este voluntarioso pueblo, el alcalde hace una visita de cortesía y manda a la banda de música a poner una nota festiva en el ambiente, mejor que mejor. Todo lo demás se debió al esfuerzo de los pintores implicados: ellos llenaron el callejón de obras de pequeño formato, algunas firmadas por artistas que se cotizan bien en el mundillo, y todas ellas a precios muy módicos; ellos llevaron las bebidas y viandas -tomates recién cogidos de la huerta, delicadísimos chicharrones que se deshacían en la boca, sencillos guisos de la tierra- que se consumieron en el acto de inauguración y en los días siguientes; ellos, por último, establecieron las reglas tácitas por las que se rige este singular mercado, el el que también hay mucho de intercambio de experiencias -cuando no de obras- y de mutua emulación. 

Allí, sentado en las piedras encaladas que complican la orografía de este callejón en cuesta, pasó uno dos estupendas veladas del fin de semana. Lamentando, quizá, no ser del gremio sino por aproximación; por lo que la escritura, digamos, tiene de pintura. Ut pictura... Pues eso. 


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También escribió uno en su día unas líneas, con motivo de una exposición colectiva, sobre Rafael Domínguez, que es quien ha ganado este año el Certamen de Pintura Rápida que se celebra en este pueblo el primer sábado de septiembre. A ese certamen debe uno incluso el título de un libro, el que recogía la segunda entrega publicada de estos diarios... Y es que, si lo que a uno realmente le gusta es mirar, y admirar, el trabajo de otros, especialmente cuando éste se encuentra en el momento crucial en el que las intenciones, las primeras tentativas, los meros bosquejos, se transforman en logros claros, ésta es la ocasión para entregarse sin tapujos a esa afición. No vi, sin embargo, a Rafael Domínguez en plena faena: vi el cuadro ya terminado cuando se exponía con los demás en la plaza, a la espera del fallo. Que se hizo esperar; y que, como otros años, nos llenó de zozobra; y eso que los concursos de pintura, que uno sepa, no están tan viciados como los literarios, y no cabe en ellos, que uno sepa, otra interferencia que las que dictan las prisas, la dificultad de dictaminar entre muchas obras estimables y los inevitables prejuicios del momento. Los de ahora -los que rigen, al menos, desde que uno se interesa por estos eventos- dictan que los cuadros premiados han de tener algún acusado rasgo informalista. Que haya medio cuadro sin pintar, o que, debajo de una escena figurativa más o menos correctamente ejecutada, se vea chorrear la pintura; o que el pintor aplique alguna de esas trilladas técnicas caleidoscópicas que puso en boga en cubismo, y la imagen se presente afacetada o descompuesta... Todos estos rasgos, que los especialistas en este tipo de concursos dominan a la perfección, fueron compareciendo en los distintos cuadros que el jurado iba premiando. Y ya se iba uno a dejar contagiar por la decepción de sus amigos pintores, insobornablemente ortodoxos -ma non troppo-, cuando nos llevamos la alegría de ver que el primer premio, que fue el último en cantarse, recaía en un pintor que había burlado inteligentemente las convenciones de los ganadores profesionales de premios, haciendo del casi preceptivo trozo de pintura sin terminar un elemento básico de una composición rigurosamente fiel al canon tradicional de representación: quiero decir que convirtió la zona gris de su cuadro en un audaz primer plano de un trozo de carretera que arrastraba la mirada del espectador, siguiendo su trazado, hacia las partes más detalladas y reconocibles de la composición. 

En su día escribí que la pintura de Rafael Domínguez me recordaba, en sus intenciones, a algunas de las cosas que en su día hicieron los pintores de la movida madrileña: entre ellas, el intento de definir un nuevo realismo en el que quedara revalorizado el paisaje urbano. Un estilo no deja de ser una convención hasta que se incorpora al modo de mirar de quien lo practica. Y el hecho de que este pintor, al encarar las condiciones peculiares de un concurso de pintura rápida, incorpore tan decididamente los elementos esenciales de sus cuadros más reposados, indica que en él el estilo se acerca mucho ya a un modo de mirar. Y eso no es poco.


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De noche, mientras cenábamos a deshora en una terraza, nos sorprende la irrupción en la calle de una mula suelta. Es joven y fina de líneas. Y también, por lo que se ve, bravía. El encargado del restaurante y otros naturales del lugar, que la conocen, se acercan a ella con infinitas precauciones. Alguno llega a tomarla por el ronzal, sin conseguir que el animal se deje conducir. La perdemos de vista, finalmente. Ya en casa, entre sueños, la oímos trotar calle arriba y calle abajo. Y me acuerdo de que pesadilla en inglés se dice nightmare -yegua nocturna-.

Foto de Alejandro Pérez Ordóñez  

2 comentarios:

E. Cabello, Las Cumbres de Ubrique dijo...

Es curioso cómo casi todos pensamos lo mismo. Hay "profesionales" de los concursos de pintura que,en realidad, se ganan la vida así. Han aprendido a hecer un par de técnicas que repiten una y otra vez añadiendo simplemente un detalle propio del lugar en el que se celebra el concurso y "viven" (si es que eso fuera posible) de concursos. Si conociéramos un poco mejor las biografías de estos pintores sabríamos que más de uno de los premiados tiene en su haber muchos premios de este tipo. Pero es verdad que los premios, hasta llegar a Rafael, fueron un poco decepcionantes. Yo hice una entrada con mis "top ten", y estoy segura de que, al menos en la mitad, coincidimos... Saludos. http://manuelcabelloyesperanzaizquierdo.blogspot.com.es/2012/09/rafael-dominguez-flamante-ganador-de-la.html

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Pues sí que estoy de acuerdo en buena parte de esos "top ten", aunque echo de menos algunos cuadros. Saludos.