lunes, octubre 01, 2012

LO HACEN

Como venimos hambrientos, paramos en la fábrica de embutidos a comprar una morcilla de hígado para el aperitivo. Nos atiende un hombre mayor, lento, quizá un poco desbordado por la responsabilidad que le han dejado sus hijos, que son quienes suelen atender el negocio. Para abonar el módico precio, le alargo un billete de veinte euros. "No tengo cambio", nos espeta, y nos quedamos todos mirándonos sin saber que hacer. Mi mujer sugiere traerle el dinero un poco más tarde. "No se preocupe", le dice. "vivimos aquí cerca, esta tarde nos acercamos". El hombre parece pensárselo y al final acepta. Nos vamos un poco cariacontecidos, como si sobre nosotros recayera una inmerecida reputación de timadores. Ya en el coche, le pregunto a mi hija si tiene algún dinero suelto. Y como la respuesta es afirmativa, mi mujer vuelve al comercio a solventar la incómoda deuda que acabamos de contraer. Al entrar, sorprende al encargado en conversación con otro viejo, que también había presenciado la escena anterior: "No, si esta gente, ahí donde los ves, tienen más dinero que tú y que yo...". Faltaba el corolario: "Y aún así, si pueden estafarte, lo hacen".


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También de la lectura poética en la que tomé parte el viernes por la tarde salí paladeando la inesperada frase que me dirigió la autoridad competente -una mujer- que había presidido el acto: "Tu poema -yo había leído un extraño poema discontinuo, difícil, quizá un poco inapropiado para la ocasión- me ha dejado rayá". Y yo entendí que, después de todo, eso era un elogio.


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De noche, de vuelta a casa, la gata se escapa en cuanto abrimos la puerta, y llega en su carrera hasta la cancela que cierra un conjunto de casas deshabitadas que se alza al extremo de la calle. No quiero ni pensar qué hubiéramos hecho si le hubiera dado por cruzar los barrotes y perderse dentro. Algo se lo desaconseja en el último minuto, por lo que, antes de que yo pudiera agarrarla, sale despavorida en dirección a nuestra puerta. Ya en casa, nos busca insistentemente y ronronea de felicidad al rozarse con nosotros. Como si, entrevistas las posibilidades de una vida azarosa y desprotegida, quisiera disipar cualquier duda respecto a su elección. 

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