miércoles, octubre 03, 2012

PAISAJE LITERARIO

Se me olvidó el otro día anotar que había leído la necrológica de Sven Hassel, el autor de todas esas novelas de aire tremendista sobre la Segunda Guerra Mundial vista desde el lado alemán. Las encontraba uno en los grandes almacenes, en los expositores de la benemérita colección Reno, en la que podían encontrarse cosas de Chesterton, de Erskine Caldwell, de Pearl S. Buck e incluso de Borges (ese preciado volumen que incluía El informe de Brodie e Historia universal de la infamia, y en el que leímos por primera vez, con manos temblorosas, "El hombre de la esquina rosada")... Ahí, en ese estimulante batiburrillo, estaban los libros de Sven Hassel, con sus portadas coloristas, en las que casi siempre se veía una trinchera, unos sacos terreros, uno o varios soldados con el inconfundible uniforme alemán, algún que otro tanque despanzurrado al fondo. 

No he leído ninguna, pero forman parte de ese primer paisaje literario, junto con los libros, que tampoco he leído, de Leon Uris o del hoy olvidado Knut Hamsun, que ganó el premio Nobel y luego se enajenó el afecto de sus compatriotas y lectores por haber simpatizado con los nazis. Los libros de todos ellos siguen acompañándose unos a otros, sólo que ya no en los grandes almacenes, sino en las más desesperadas librerías de lance, donde ahora los venden por unos céntimos. De Sven Hassel sólo me queda decir que, al leer el otro día su necrológica, lo que me sorprendió fue que hubiera sobrevivido tantos años a su propia muerte literaria. Porque para mí ver su nombre en esas tumbas de libros que son algunas librerías de viejo equivalía a leer su lápida. Descanse en paz, ahora sí.


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Siempre siento cierto rubor cuando me sonsacan algún que otro detalle de intendencia. Y no porque haya nada que ocultar, sino por todo lo contrario: porque casi da vergüenza confesar la absoluta inanidad de este ruinoso negocio que uno se trae entre manos.


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O como cuando, el otro día, este conocido me sonsacó el dato de las ventas de mi última novela. "¿Ah, sí? Yo creía...". Y uno es todavía lo bastante iluso para considerar que ese "yo creía...." encierra un secreto halago. 

3 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Ostras. Yo sí he leído a Sven Hassel. Y mucho. Le gustaba al chico que me gustaba en el instituto. Algunas somos capaces de todo (en el amor como en la guerra, etc.)
Me ha puesto triste leer que habías leído su necrológica, fíjate.
Descanse en paz.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Poderoso motivo, el amor.

Javier de N dijo...

Leí un par de ellas de adolescente y tengo en el recuerdo que no estaba tan mal. Las portadas eran infumables
y la temática, propia de gente un poco infantil (igual yo lo era), pero, a pesar de todo, tenía mucha fuerza.