lunes, octubre 29, 2012

SETAS

Amaneció despejado. Pero bastó una insinuación de nubes -que, en estas altitudes, lo mismo podían derivar en lluvia que en niebla cerrada- para que el paisaje, tan acogedor al principio, se volviera de pronto amenazador. Íbamos en busca del paraje que aquí llaman Los Santos Lugares, imagino que por el aspecto de belén que, dicen, tiene el conjunto de refugios y habitáculos excavados en la roca que forman lo que debió de ser, en su día, una cortijada o un  poblado de pastores. Pero, como Moisés respecto a la Tierra Prometida, nos quedamos a las puertas. Para distraer la marcha, íbamos buscando setas, y también, pasada determinada cota, una cueva de la que uno de nuestros acompañantes había oído hablar. Y en uno de los repechos, atascados en medio de un canchal, desistimos. No así los otros, que alcanzan a rodear el peñasco dificultoso y llegan a la meta propuesta. Nosotros, mientras, volvemos sobre nuestros pasos. Y en los alrededores de la alberca de Casa Fardela, que hemos tomado como base de operaciones, y donde nos disponemos a esperar a nuestros acompañantes, encontramos por fin las ansiadas setas, que son de las que llaman "de cardo". Ha sido nuestro premio de consolación, después de nuestra renuncia a llegar al destino propuesto. Las mostramos con orgullo a nuestros compañeros, que nos dan alcance unos veinte minutos después. A ese puñado de setas apenas logramos sumar una o dos más en el trayecto de vuelta. En vano. Porque, al llegar al pueblo, la relativa certeza que teníamos de que las setas eran comestibles empieza a disiparse. Se las llevamos a un hostelero local, amigo nuestro, que sabe algo del asunto. Pero éste tampoco se atreve a certificar la inocuidad de nuestro botín. Mientras tanto, ha empezado a llover, y sólo nos cabe felicitarnos de que la tormenta no nos haya sorprendido en plena montaña. Y esa es la única satisfacción que nos llevamos a casa.

***

Sostiene nuestro amigo J.A.M. esta extraña teoría de la visión: a un pintor gordo, dice, todas las figuras tienden a salirle rechonchas , mientras que a uno delgado suele pasarle todo lo contrario. Lo que, se me ocurre, es mucho más aplicable a la literatura que a la propia pintura. A la evidencia me remito.

1 comentario:

fondo negro dijo...

Anoche dimos buena cuenta de esas setas, con ajito y vino, y estaban exquisitas.