lunes, noviembre 26, 2012

ARTESANOS

Óleo de José Antonio Martel
A las seis, cuando emprendemos el viaje de vuelta, la luz solar es todavía lo bastante intensa como para hacer inútiles los faros del coche. Los llevo encendidos, pero no hacen nada contra la media luz circundante, en la que todavía dominan las tonalidades diurnas. Aunque con una peculiaridad: esa luz todavía más fuerte que cualquier remedo eléctrico apenas incide ya en los objetos, en las formas que circundan la carretera. Árboles, setos, formaciones rocosas, construcciones, son ya apenas perfiles oscuros recortados contra el cielo todavía luminoso. Han desaparecido los colores, y el mundo se reduce a una dualidad demasiado cruda para nuestra preferencia por las confortables gamas intermedias: lo blanco y luminoso por un lado, cegándonos; las siluetas oscuras, misteriosas, opacas a nuestra incesante búsqueda de sentido, por otro.   

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Da gusto organizar algo con estos amigos. En otros círculos, la mera propuesta de reunirse con afines para presentar un libro o mostrar unos cuadros da lugar, inmediatamente, a interminables trámites burocráticos, en busca de la aquiescencia y los hasta ahora inagotables recursos de las instituciones. Aquí no: aquí, a lo sumo,  a las instituciones de rigor se les invita cortésmente a sumarse a las iniciativas particulares. Lo demás lo hacen ellos. Y normalmente sale bien. Es por eso por lo que, en esta ocasión, hemos querido ser parte de este estimulante fermento. El pretexto lo presta la tercera edición del mercadillo de arte que nuestro amigo J.A.M., el pintor, organiza durante el puente de diciembre en Benaocaz. Se daba la circunstancia de que un servidor y un escritor amigo hemos publicado recientemente unos libritos artesanales ilustrados por otros dos amigos pintores; y que tanto los escritores como los pintores, así como -curiosa coincidencia- la directora de la colección en la que se han publicado esos libritos, tenemos vínculos -unos más antiguos, otros más recientes- de amistad y paisanaje con este hermoso pueblo de la sierra gaditana, al que incluso algunos hemos tomado como asunto de nuestro trabajo creativo. Así que hemos propuesto presentar estos libritos en el transcurso de ese mercado de arte, y la iniciativa no sólo ha sido bien acogida por los amigos pintores, sino que incluso está teniendo impensadas ramificaciones. Así, en nuestro restaurante favorito han quedado en sorprendernos con un menú en el que habrá referencias pictóricas y literarias, a tono con la ocasión. Ya sólo falta que no llueva. Hablando de estas cosas, cerrando detalles, nos hemos pasado el fin de semana. Y como tampoco han faltado alusiones a la acritud de los tiempos, en el mal hemos visto el remedio: sobreviviremos así, como honrados artesanos, ofreciendo lealmente al público lo que hacemos, sin intermediaciones espurias ni patrocinios contraproducentes. Y remontaremos, vaya si remontaremos.

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Algo me dice que de todo esto saldremos baqueteados y agotados, sí, y también justamente indignados, pero mejorados también. No hay otra. 

1 comentario:

E. Cabello, Las Cumbres de Ubrique dijo...

Tienes muchísima razón, amigo. Miraremos a nuestro alrededor con otros ojos y habremos aprendido algo que seguramente siempre hemos sabido, que tomada con más paciencia y más tranquilidad la vida tiene otro sabor; que entre amigos las cosas siempre son más fáciles y que no hay dinero que pueda pagar la satisfacción de hacer las cosas porque te gusta, porque quieres y porque disfrutas con ellas, sin más.