jueves, noviembre 29, 2012

GRADOS

Cada vez se escuchan en la radio o se leen en los periódicos explicaciones más completas y comprensibles sobre las causas de la actual crisis y el desarrollo de los procesos económicos y sociales a ella aparejados. Es un género que se ha ido perfeccionando con el tiempo, y que ya dominan incluso los simples conversadores de café. Hablar por hablar siempre ha sido gratis. Distinto es que en esa caterva de lúcidos analistas -antes los llamaban arbitristas- haya uno solo que sepa aportar alguna idea práctica para salir del desaguisado. Y lo peor es que escucha uno a quienes defienden una cosa y a quienes defienden la contraria y siente que ambos tienen razón.


***

En realidad, muchas de las barbaridades que cuenta Malaparte en Kaputt no son sino variantes crueles del humor cuartelero, tan familiar a cualquiera que haya hecho el servicio militar o haya oído anécdotas sobre el mismo. Por ejemplo, el terrible episodio en el que los alemanes seleccionan, entre casi dos centenares de prisioneros rusos, a quienes leen mejor, bajo el señuelo de librarlos de los trabajos físicos más duros y emplearlos en tareas burocráticas. Sólo que, al final, los elegidos son pasados por las armas, por considerar los invasores que un hombre letrado será siempre un enemigo más peligroso que uno sin formación... Recuerda a esa repetida anécdota en la que el cabo pregunta a los reclutas quiénes saben música, y a los incautos que dan el paso al frente los pone a cargar un piano; o en la que se piden voluntarios que tengan buena letra, y a éstos se les pone una escoba en la mano, diciéndoles: aquí tienes la pluma. Y es que, a veces, la diferencia entre la simple humillación y el crimen es sólo de grado.


***

Imposible mantener una conversación prolongada, aunque sea con un desconocido, sin terminar desprotegiendo algún flanco. Y nunca se sabe qué clase de infección acabará entrando por esa herida.

No hay comentarios: