viernes, noviembre 16, 2012

PALMERAS


La Finlandia de Malaparte: caballos sumergidos en un lago helado, del que asoman la cabeza rígida, erizada de crines congeladas. Encuentro esta espeluznante imagen en la primera parte de Kaputt. Con el deshielo, hubo que sacar esos cadáveres del agua y enterrarlos. Otro italiano, Montanelli, llamó a aquella guerra, la ruso-finlandesa, "la guerra más hermosa", en virtud del insólito marco en el que transcurrió. Los periodistas italianos en general, favorecidos por la coincidencia estratégica entre los objetivos del Eje y la resistencia patriótica de los finlandeses, fueron espectadores privilegiados de esa guerra, que les era en parte ajena, pero por la que podían pasearse, desde el lado finlandés, con todas las bendiciones oficiales. Aprovecharon la ocasión, como demuestran los textos citados, que traigo a colación por motivos que entenderán quienes hayan seguido la deriva de este diario en los últimos días.


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La prensa da por fracasada la huelga general. Incluso los más renuentes a reconocer ese fracaso hablan de "seguimiento desigual". Lo que, después de todo, es lógico, porque una huelga general sólo puede triunfar si logra una unanimidad imposible de alcanzar en una sociedad compleja, donde incluso un descontento tan absoluto como el que actualmente sentimos la inmensa mayoría de los ciudadanos tiene matices y modulaciones individuales de imposible articulación en una respuesta única. Aun así, cada uno hace lo que puede. Ante lo colectivo, nunca puede uno estar seguro de tomar la decisión acertada, o la que con el tiempo se revelará como la más lógica y efectiva. Se actúa por tanteos, y luego viene la Historia, como un mal viento, y se lo lleva a uno en volandas. La de España está llena de tristes ejemplos.


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Claro que esa última imagen puede habérmela sugerido el vendaval que agita los penachos de las palmeras que tengo ante mi ventana. Sin lograr doblarles el espinazo, por otra parte. Lo que también da que pensar.

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