sábado, noviembre 03, 2012

TACHUELAS

No son caros los gustos de uno. Por ocho euros, me compro en una librería de viejo sendos ejemplares de Kaputt, La piel y Madre marchita, que tengo el antojo de leer después de haber hecho lo propio con la excelente biografía de Curzio Malaparte que ha escrito Maurizio Serra. Tengo distracción asegurada para varias semanas. A costa, claro está, de los vaivenes que sufre la estima de la que gozan determinados escritores. Malaparte, que empezó su andadura como compañero de viaje del fascismo y la acabó como sincero admirador de la China de Mao, tiene compradas todas las papeletas para no merecer salir del olvido en, al menos, otros tres o cuatro lustros. Razón de más para leerlo.


***

Creo que he mencionado ya en este cuaderno la bárbara delicatessen que sirven en este bar: un hígado de conejo aplastado y asado a la plancha, metido entre dos rebanadas de pan tostado. Lo llaman tachuela -el nombre también es bárbaro-. Y está exquisito. Lo curioso es que ni siquiera lo mencionan cuando cantan los platos del día. Hay que estar en el ajo y preguntar si lo hay. Y el caso es que, en el variable menú de este local, nunca falta.


***

Le comento a mi querido P.S., al que me encuentro en la antes mencionada librería de viejo, la curiosa fatalidad que me lleva a leer un libro de A.D., un escritor situado al otro extremo del espectro ideológico, después o a la vez de cada libro del propio P.S. que cae en mis manos -el último, el tomo de memorias que ha titulado La fuente y la muerte, me ha emocionado hasta hacerme saltar las lágrimas-. Estas simultaneidades pueden deberse, simplemente, al hecho de que ambos compartan editor, y sea éste quien orquesta tan diabólicas coincidencias. O a que uno, dejándose llevar por un inconsciente principio dietético, siente la apetencia de compensar la lectura del primero, convencido comunista evangélico, con la de ese otro recalcitrante enemigo de la modernidad y sus principios biempensantes. Tiene uno estómago para todo. O no tanto, quizá, y lo que pasa es que encuentra una extraña armonía entre las dos clases antagónicas de insatisfacción que impulsan a uno y a otro. Sí, debe de ser eso.

No hay comentarios: