martes, noviembre 06, 2012

VIRUELAS

"¿Has publicado algo nuevo este año?", me pregunta esta amiga librera, un tanto temerosa de que la pille en un renuncio respecto a la presencia de mis libros entre sus fondos. "No, tengo algunas cosas en espera, pero... todo está muy parado últimamente". "Ya", me contesta, y menea la cabeza. Como diciendo: "A mí qué me vas a contar". Y lo curioso es que últimamente no hay conversación cotidiana que no contenga estos sobreentendidos. Que tienen, creo, un efecto terapéutico, aunque sería un poco complicado explicar cuál.

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A la vejez, vanguardia. Quiero decir, viruelas.

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Primeras cien páginas de Kaputt. Artículos o crónicas articulados en torno a una imposible velada del autor con un pacientísimo príncipe sueco. Ese curioso momento en el que el periodismo pugna por convertirse en literatura, y lo consigue. Pero lo que a mí me ha llamado la atención es el énfasis que Malaparte pone en las finas manos de su interlocutor. Uno, que también tiene trato con un descendiente del viejo mariscal Bernadotte, el fundador de la actual dinastía sueca, puede confirmar que ese rasgo se ha extendido incluso a las ramas no reinantes de la familia. Este amigo mío, en concreto, trabaja de informático en Sevilla. Y es clavado a los retratos que se conservan de su augusto antepasado.

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