viernes, diciembre 21, 2012

AMIGOS

Nadie más optimista que esos pájaros que empiezan a barruntar la primavera desde las mañanas soleadas, o no tanto, de diciembre. Para ellos lo peor, que es el crudo noviembre, ha pasado ya. Deberían servirnos de ejemplo.


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Me reprocha cariñosamente mi amiga I.M. que no le haya acusado recibo de Tres maneras de estar sola, la antología de Mascha Kaléko con la que nos ha dado a conocer la deslumbrante obra de esta poeta alemana, que hasta ahora nadie había caído en traducir al español. El libro, creo recordar, lo pedí yo mismo a la editorial, por lo que me di por eximido de ese deber de cortesía. Pero, aún así, no me hubiera costado nada poner unas letras a la traductora felicitándola por su trabajo, y más cuando ella tuvo conmigo la deferencia de hacerme partícipe del mismo desde el momento en que empezó a gestarse... Decididamente, soy un desconsiderado. Examino la pila de libros recibidos en las últimas semanas. Antes de leerlos, deberé ocuparme del que reseño mensualmente para el suplemento y terminar la lectura exploratoria de otro que me han encargado traducir. Estas ocupaciones de, digamos, lector mercenario harán que esas otras lecturas debidas a la amistad -una amistad, se entiende, fundada en el hecho cierto de que la mayoría de los amigos que me envían libro son escritores afines que leo con sumo placer- se demoren más de lo debido. Ese hecho me causa no poca ansiedad. Pero qué puedo hacer. En otra vida más perfecta yo no haría otra cosa que leer lo que escriben mis amigos y felicitarme por tenerlos tan productivos y talentosos. Pero...


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M.A., después de leer en este cuaderno la crónica un tanto desabrida que hice del último acto literario en el que participé: "Tú como siempre, haciendo amigos".

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