miércoles, enero 30, 2013

GALEOTE

Una joven editorial me pide un libro. Lo que, en este negro periodo en el que se aúnan la penuria circundante y un cierto -o, más bien, un acusado- debilitamiento de la estrella de uno, equivale a que una muchacha de veinte años se declare locamente enamorada de ti. Creérselo es otra cosa, claro.  

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Tres artículos -uno de ellos, casi de las dimensiones de un ensayo- despachados en tres días. Rema, rema, galeote. Y sin queja.

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En torno a lo de ayer: la mayoría de los ateos que conozco son también, quieran o no, católicos. Y es que es más fácil sustraerse a la fe que a las costumbres.

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