miércoles, enero 16, 2013

LA PUERTA DEL RETRETE

Leo opiniones diversas sobre Internet. Parece que a todo el mundo le ha dado por hablar de lo mismo. El escritor J.M. de P., por ejemplo, declaraba ayer, en una extensa entrevista, que "Internet es la muerte de todo" -así se destacaba en los titulares-; y, en el cuerpo de la misma, comparaba la Red con la puerta de un retrete, donde todo el mundo escribe sus porquerías... Bueno. En otro periódico, no recuerdo cuál, una cantante bisoña afirmaba contundentemente que Internet "ha destruido por completo la industria discográfica"; pero señalaba, a continuación, que gracias a una especie de cuestación por Internet ella ha podido sacar su primer disco. Y, ya para colmo, una amiga escritora, hasta ahora muy activa en las llamadas "redes sociales", me espeta hoy que desde que se retiró de Facebook vive mejor... Todos tienen razón, en parte. Y todos parecen haber olvidado, en el momento de pronunciar su veredicto, que no hay invención humana, especialmente en lo concerniente a los medios de reproducción y difusión de ideas y contenidos, que no se presente bajo este doble aspecto: espejo de lo más bajo e innoble de sus usuarios, por una parte, y oportunidad para que nuevas ideas y contenidos puedan expresarse y más personas puedan acceder a unas condiciones de difusión que, en las circunstancias preexistentes, les estaban vedadas. En mi caso, no le descubrí la gracia a Internet hasta que di con la herramienta mal llamada blog -absurdo apócope de una abusiva metáfora, la que ha dado en llamar cuaderno de bitácora (log) a lo que en principio no parece sino el formato tradicional de un dietario: una serie de apuntes ordenados por fecha-. Esta herramienta satisfacía algunas exigencias particulares que yo me hacía respecto a un género que había cortejado desde la infancia, el diario personal; que, en las condiciones particulares que se dan en este nuevo formato electrónico, me resulta más accesible y estimulante que, pongamos, bajo las condiciones estrictas del diario íntimo tal como éste se había dado hasta ahora; y con unas reglas de veracidad, digamos, mucho más nítidas que las que se plantean en los diarios escritos para el público pero bajo una falsa pretensión de estricta privacidad. Lo que no significa que yo no lea ni aprecie -todo lo contrario- esos otros diarios; pero a mí me resultaba imposible escribirlos de esa manera; y las condiciones particulares que plantea el blog me han despejado el camino. 

Así que ésta es mi deuda con Internet. Ni el infierno ni la panacea, sino una modesta herramienta que satisface una necesidad particular. Eso es todo. Y no es poco, desde luego.


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Releo lo anterior y me parece, ay, un nuevo argumento a favor de una obsesión que me ronda últimamente: la idea de que, a lo largo de toda mi trayectoria de escritor -que supera ya el cuarto de siglo y casi tantos libros como años-, uno no ha hecho otra cosa que inventar excusas para soslayar su principal carencia, que no es otra que la falta de lectores.


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¿Será uno de esos escritores para quienes dejar de escribir sería como dejar de pensar y sentir; es decir, entrar de buenas a primeras en un estado similar al del encefalograma plano? Lo que sería, después de todo, un descanso.

5 comentarios:

Portorosa dijo...

Completamente de acuerdo con tu opinión sobre la red.
Es que queda muy bien dar opiniones epatantes...

Un saludo.

Manolo dijo...

El título ha ejercido un efecto llamada, según iba leyendo pensaba tengo que avisar a mi amigo que acuda a leerlo ."Le iba notificar sobre el excelente trabajo de Columna de humo y cuando llegué al final, veo su comentario con lo que he llegado tarde."
Mi amigo con el anterior comentario me demuestra que se me adelantó y ya lo ha leído. Me llamó la atención el título (?) que yo nunca abandoné... y siempre lo he utilizado en vez de excusado, water closet o inodoro que los repudio...
¡Felicidades,! su blog es una completa delicia que leo y releo con fruición y sumo agrado.

Antonio Montes dijo...

Completamente de acuerdo con la opinión expuesta en la entrada. De todos modos, creo que (al menos según la R.A.E.) el término que más se ajusta a lo que se entiende por un blog es «efemérides».

Sigo éste desde hace poco, pero ya me he acostumbrado a darme una vuelta por aquí cuando aparece algo.

Un saludo muy cordial.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por los tres comentarios. Efectivamente, el diccionario de la RAE define así "efemérides": "Libro o comentario en que se refieren los hechos de cada día". Un saludo.

Molina de Tirso dijo...

Lo bueno de los blogs es que cada uno le da el sesgo que mejor le va. Diario más o menos personal, anotaciones culturales, científicas, de opinión... y mil cosas más. El que escribe puede elegir, el que lee también. Yo me apunto a una especie de miscelánea. Y como lectora: a los artículos de opinión y los productos culturales que, aunque no sean novedosos, se adapten a mis gustos.

Y además están los retretes, que amparan toda clase de bazofia y que se pueden encontrar en la calle, en tv, en el resto de tribunas públicas... y en la red también, por supuesto.