miércoles, enero 23, 2013

PREDISPOSICIONES

Ánimo prerretrospectivo, diríamos. Como si la inminencia de ciertos aniversarios me predispusiera inevitablemente a la realización de un balance íntimo que nadie me ha pedido, y del que no cabe esperar grandes sorpresas, pero que supone, en todo caso, una responsabilidad de la que uno no puede ni sabe ni quiere eximirse.

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Reconozcámoslo: me adapto bien a las apreturas. En condiciones, por ejemplo, de redoblada presión laboral, no me desenvuelvo mal: me fijo una tarea para cada hora y la cumplo, sin más, y casi me siento más a gusto que cuando disponía de un amplio margen de discrecionalidad en el que más bien tendía a perderme. Lo mismo me pasa con el dinero. Echo de menos la holgura de otros tiempos. Pero también me divierte, una vez que decido que mi capital sobrante del presupuesto semanal es X euros, gastármelos alegremente en cualquier modesto capricho. Sé que todo esto a algunos les parecerá una declaración de grisura, o una confesión de mediocridad. Tampoco es, entiéndaseme, una disculpa de la penosa situación en la que actualmente se encuentra tanta gente. Digamos, simplemente, que la actual coyuntura me ha permitido conocer esta inesperada faceta de mi carácter. Y la apunto aquí, a los efectos que corresponda.

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No es poco privilegio haber tratado a los autores de algunos de los libros recientes que más me han gustado, e incluso honrarme con la amistad de algunos de ellos. Que el último de poesía de Felipe Benítez Reyes haya obtenido un impensado y poco frecuente reconocimiento unánime me llena de orgullo, y me alegra haber sido de los primeros en pronunciarme públicamente sobre algunos de sus muchos méritos. Ahora me pasa lo propio con Ayer no más, la novela de Andrés Trapiello: llevo leída la mitad, aproximadamente, y me parece impecable, tanto en su planteamiento puramente narrativo como en su posicionamiento -fea palabreja, lo sé- ideológico y moral. Pensaría lo mismo de ambos libros, creo, si no conociera a sus autores. Pero el disfrute, entiendo, no sería tan íntimo, tan cercano, tan personal.

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Predisposición, también, a aventuras marginales, a una cierta bohemia bajo control, a un cierto espíritu de buhonero o de cómico de la legua. Fijación, por ejemplo, con la idea de autoeditarme alguna cosa y venderla en tenderetes callejeros, como ya he hecho con ¡Bum! y otros libros míos en los mercadillos de pintura y libros que hemos celebrado en Benaocaz. Sobrevivir de esa manera. Y ser feliz.     

3 comentarios:

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Sea feliz con las letras, que es un cometido noble que le extirpamos a veces por mor del entretenimiento, de la evasión o del alto propósito de formarnos o de alcanzar, por los libros, cierto asunto que sin ellos no lograríamos. Ser feliz con las letras al modo en que se es con otras actividades que parecen, sí, más acordes a lo que se espera de la felicidad, que no sé yo mucho, la verdad. En lo libresco, se vive mejor. No hay miedo cuando uno está rodeado de libros. Vendiéndolos. Editándolos. Escribiéndolos. Leyéndolos. Da lo mismo el orden. Manoseándolos también, José Manuel. Oliéndolos, claro. Y un matiz que tú haces estupendamente y que yo (en cuanto puedo) busco en lo que leo o en las conversaciones que me voy haciendo: hacer de los libros un género sentimental. Saber que si a un desconocido que lee a Roth le hablo de Roth, entablamos un sólido diálogo que puede derivar a otros diálogos extraliterarios. Nosotros mismos, que no nos conocemos. No sé cuántos años hace que leo tu columna, pero está ahí, a mi disposición, como un libro en un formato que no es el suyo y que se va expandiendo y se va ofreciendo de una forma que no es la tradicional. Cosa de los blogs. En todo caso, sea feliz. Yo, a mi manera, lo soy con parecidas empresas.

Profesor Franz dijo...

Yo que, respetando su primacía en el nacimiento, comparto la misma inminencia de aniversario noto también ese espíritu buhonero, y lo achaco a la necesidad de revolverse frente a la sensatez y circunspección que la sociedad espera de alguien de los años que vamos a cumplir. Y también me he metido en proyectos absurdos con jóvenes a quienes casi doblo en edad, como un sello discográfico que aspira a editar y vender cassettes (!) de música experimental. No por vivir de ello, obviamente, sino por mantenerme vivo. Y ser feliz, claro.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Pues me alegra encontrar tanta comprensión en dos voces tan autorizadas. Mucha suerte a los dos, en esos proyectos que menciona Emilio y con ese sello de música experimental que anuncia el Profesor.