martes, enero 29, 2013

RIELA

Una luna, esta mañana, de ésas que pintaría uno de esos pintores a los que consideraríamos cursis o trasnochados simplemente por pintar las cosas en toda su belleza. Me dice un compañero, que adivina mi arrobo: "La luna en el mar riela, como en el poema". Y es cierto que no podemos contemplar este curioso efecto de la luz sin acordarnos de ese verso de Espronceda, y sin evocar, quizá, la más o menos tediosa hora de escuela en la que un probo profesor nos dejó grabado para siempre el significado de esa palabreja, sin saber que repercutiría en nuestra memoria cada vez que viésemos la luna llena en un cielo despejado sobre el mar una hora antes del amanecer.

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Acude a la biblioteca un tropel de chicos a buscar "las biblias", que en la clase de religión tienen la misma funcionalidad que los diccionarios en la de idiomas. Están baqueteadas, maltratadas, desencuadernadas muchas de ellas. Y se me ocurre que, usada de este modo, esta hermosa compilación de libros venerables queda de algún modo degradada. Y que quienes mejor leemos la sagrada Biblia -dicho sea esto con toda la modestia del mundo, y con todo el respeto hacia quienes piensan lo contrario- somos los ateos, que no la vemos como un prontuario de recetas morales y eslóganes para una fácil espiritualidad, sino simplemente como... literatura, la mejor que se ha escrito, quizá. 

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Viéndolos pasear  -viejos, parejas de enamorados, gente que lleva un perro atado de una correa-, desde el otro lado del balcón, yo también paseo... aquí sentado.

4 comentarios:

Antonio Montes dijo...

José Manuel, sé que el comentario no va con mala fe, y por eso te replico con todo respeto. Decir que los creyentes hallan en la Biblia «recetas morales y eslóganes para una fácil espiritualidad» me parece gratuito e injusto. Habrá muchos a quienes pueda ajustarse esa afirmación, pero la generalización implícita no me parece de recibo, menos aún cuando, por contraste, los ateos aparecen como quienes (ellos sí) aprecian la Biblia en lo que vale: literatura. Cabe preguntar, ¿es que un creyente no valora literariamente la Biblia? Por otro lado, el considerar a la Biblia como mera literatura sí que es, no diré degradarla, pero sí valorarla por debajo de lo que vale: hay cosas más importantes que la literatura. Por último, el que un libro esté desgastado e incluso descabalado por el uso me parece honrosísimo; los libros están para usarlos, así cumplen su función; otra cosa es que alguien se dedique a maltratarlos y destrozarlos conscientemente.

Gracias por la atención y un saludo cordial.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bienvenido el comentario, Antonio. Mis disculpas si he ofendido a alguien. Entiéndase que, en la absoluta subjetividad de un diario íntimo, uno se permite a veces generalizaciones claramente abusivas; pero sería engorroso, en aras de una cierta expresividad, matizar en exceso cada una de esas afirmaciones.
Un cordial saludo.

rober dijo...

Yo no dudo de que haya, en efecto, cosas más importantes que la literatura. Ello no obstante, leer la Teogonía, el Corán, el Tao te king o a Dante o San Juan de la Cruz desde la no creencia en las cosas en que ellos sí creen no es ninguna degradación, ni restarles valor en absoluto: es -si se trata de una lectura honda, poniendo en ello todo lo que uno tenga- leerlas del mejor modo que uno puede, y algo totalmente legítimo. Por otro lado, la expresión "mera literatura" me parece equívoca. Es como si el verdadero aprecio literario fuese un aprecio puramente formal, simplemente por lo que está bien escrito. Y no es así. La auténtica literatura va mucho más lejos, y se refiere a cosas mucho más importantes, que los primores de forma.

Antonio Montes dijo...

Conste que me vale la respuesta. Muchas gracias, muy amable.

Un saludo muy cordial.