lunes, enero 28, 2013

TODO CANSA

Fin de semana sin casi pisar la calle, húmeda y desabrida. Y me acuerdo de uno de esos comentarios de sal gruesa que intercambiábamos el otro día en el trabajo. Se quejaba una compañera de lo mismo, del mal tiempo reincidente de los últimos fines de semana. Y yo le dije: "Bueno, no hay mal que por bien no venga . Siempre puede uno degustar un buen vino, regalarse con una cena exquisita,  pasarse las tardes haciendo el amor...". A lo que ella contestó: "Sí, es lo que hicimos el fin de semana pasado. Pero todo cansa."

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Termino Ayer no más, la novela de Andrés Trapiello. No es, desde luego, un texto que deje indiferente. Lo único que se le puede objetar, si es que hay que objetarle algo, es que quizá el apasionamiento con el que los personajes viven la delicada situación en la que se ven envueltos -el anciano padre del protagonista, que participó en la sangrienta represión en la retaguardia durante la Guerra Civil, es reconocido en la calle por el hijo de una de las víctimas- no se corresponde, en general, con el que el grueso de la población española ha manifestado respecto a estas cuestiones en los últimos tiempos, a despecho de las polémicas suscitadas por la reciente aprobación de una Ley de Memoria Histórica y del intento del juez Garzón de abrir una causa general contra los responsables de crímenes de esta índole durante el franquismo. Por eso, quizá, el primer mérito de la novela sea haber delimitado muy bien la personalidad e intereses de los personajes implicados, para que su manera de acusar estos hechos sea creíble. Que el drama transcurra, en primer término, entre historiadores parece lógico. Como lo es también que transcurra en una ciudad pequeña, donde todos saben los antecedentes de todos. Lo que lleva a otra cuestión, para mí de más enjundia: es ésta, a mi entender, la primera novela española que habla sin tapujos de los males endémicos de la universidad española, de su endogamia, de la práctica indisimulada en ella del derecho de pernada -literal y figurado-, de los intereses bastardos y los oportunismos que deforman y determinan a veces el sentido de las investigaciones emprendidas... Pero todo esto, mejor, lo guardo para una reseña un poco más meditada.

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Rehago la maqueta del cuadernillo artesanal que queremos editar esta primavera. Es increíble la cantidad de puntadas que pueden surgir en un texto de apenas seis folios. Pero no deja de ser una labor apasionante, una delicada labor de taracea que, a pesar de que en su mayor parte se hace ante la pantalla del ordenador, cumple todos los requisitos del trabajo puramente manual. Yo, de mayor, quiero ser tipógrafo.

3 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Lo que cansa, mayormente, es trabajar.

Un abrazo de lunes.

Sara dijo...

A mí tampoco me dejó indiferente la novela de Trapiello. Su visión del tema me interesa, aunque al final ninguno de sus personajes me pareció del todo convincente (¿quizás debido a una excesiva instrumentalización para expresar su punto de vista? No estoy segura). Como lectora, me gustan sobre todo las novelas en las que el autor, si no invisible, al menos es tan espectador como su audiencia (o así lo parece), pero éste es un punto de vista muy personal, claro. Aquí, sin embargo, los personajes me perecieron demasiado artificiales, marionetas al servicio de una historia (que más que nada es denuncia, creo) ya resuelta desde el principio. De todas formas, me pareció muy interesante su crítica del oportunismo académico en relación a temas “candentes” como la memoria histórica. Pienso que es algo que ocurre en todas las disciplinas (muy común en las ciencias sociales, donde tengo experiencia de primera mano) y también que es un fenómeno bastante extendido, no solamente en universidades donde impera la endogamia. En fin, yo personalmente disfruté más con la lectura de Las Armas y las Letras, por eso no estoy convencida de que la novela sea el medio más adecuado para hacer, o expresar, lo que el autor pretendía...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por este comentario tan amplio y bien argumentado, Sara. Como decía, dejo para una próxima reseña una argumentación más reposada de mis impresiones. A mí la novela me ha gustado, y creo que uno de sus aciertos es, precisamente, la caracterización de los personajes; porque, de no ser los personajes quienes son, y dedicarse a lo que se dedican, y tener la edad que tienen, la trama no se sostendría. Hay un vínculo, en efecto, entre esta novela y 'Las armas y las letras'; y es muy posible que este libro represente, en la trayectoria del autor, lo que los innominados libros del protagonista en la trama de esta novela: son el bagaje previo, que justifica ahora una aproximación más sentimental y apasionada, diríamos. Etc. Tienes razón en que ésta es una novela de tesis. El mérito, a mi juicio, es haberla sabido construir, ponerle un fondo real -esa ciudad de León, tan bien retratada-, convertirla en drama personal y familiar. Pero todo esto,ya digo, intentaré decirlo mejor en una reseña convencional, que quizá publique este viernes.