miércoles, febrero 13, 2013

LABERINTOS


Eché de menos, en mi desangelado periplo carnavalesco, la presencia en las calles de esas animosas pandillas de desharrapados -la mayoría, con las cabezas rapadas y el pelo restante tallado en orgullosas crestas de gallos de pelea- que ocupaban, con su cochambre y su conmovedor abandono de sí mismos, calles enteras de la ciudad durante las fiestas. En sus mejores momentos, cantaban o hacían de saltimbanquis para obtener unas monedas de los transeúntes; en los peores, provocaban monumentales broncas en las que volaban botellas y se destrozaba eso que los cursis de ahora llaman "mobiliario urbano"; entre uno y otro extremo, se limitaban a dormitar en medio de la calle, siempre arrebujados unos con otros, como para darse calor. Solían ser muy jóvenes, y entre ellos sospechaba uno la presencia de más de un hijo de familia que, cuando se le pasara la ventolera, volvería al redil y se convertiría en ejecutivo de alguna multinacional. Había también chicas de una belleza deslumbrante bajo la máscara de suciedad, muy delgadas casi siempre, y en la mirada ese gesto impredecible de las gatas que acechan al transeúnte desde los cubos de basura. Este año, por lo que he visto, no han venido. Cosas de la crisis, que pone las cosas en su sitio y sustituye toda esa miseria voluntaria por la otra, la verdadera e ineludible, que es la que ha multiplicado en las calles el número de vendedores de serpentinas, confetti y otras chucherías propias de la ocasión. Es también un retroceso: el vago paisaje postindustrial que componían los primeros ha sido sustituido por otro de miseria ancestral; más parecido, quizá, al de los años cincuenta y sesenta que al de las últimas décadas.

***

También eché de menos, ay, al veinteañero que fui, y que tan perdido se sentía en ese laberinto humano. Por eso, quizá, no experimenté añoranza alguna cuando dejé de sentir la urgencia de acudir al reclamo de la fiesta. Y quizá el error ha sido ése: haber vuelto, cuando ya no existe ni el veinteañero ni, por supuesto, el laberinto aquel, tal como lo conocí.

No hay comentarios: