martes, febrero 19, 2013

SIMETRÍAS

La entrega de los premios Goya. Todos los años veo la primera media hora; luego me aburro y me voy a dormir. Pero anoche aguanté hasta el final, sostenido por la curiosidad de ver si premiaban Contra el tiempo, la película de nuestro paisano José Manuel Serrano Cueto, que estaba nominada como candidata al mejor documental; aunque deseché toda esperanza desde el momento en que supe que, entre las que concurrían a esa distinción, había un documental de Javier Bardem sobre la causa saharahui... No lo he visto, así que no puedo opinar sobre él, aunque lo poco que se vio (imágenes mitineras, en las que el propio JB se adornaba a sí mismo con esa furia justiciera que tan fácil es de asumir para quien se suma a una causa remota desde una posición segura) no me hace presagiar nada bueno. Nadaba contra corriente el documental intimista y nostálgico de nuestro amigo, y eso ha hecho que ni siquiera lo hayan nombrado en los lamentos, también bastante descaminados, que hoy ha entonado la prensa local y regional sobre los parcos resultados del cine andaluz en la edición de este año. En fin, lo de siempre. Haber llegado hasta ahí ya es mucho. Respecto a los premios, quién obtiene el primero y qué distinción corresponde al segundo, léase a Cervantes, que lo tenía todo muy claro.


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El prestigioso arquitecto Alberto Campos Baeza, que ha construido varios edificios en Cádiz, me cita en una entrevista como a uno de los autores que figuran en su biblioteca de poesía. Me alegra que frecuente mis libros; y más cuando, por una de esas extrañas simetrías que se dan en la vida, yo paso muchas horas del día, y no del todo a disgusto, dentro de uno de los edificios que él ha proyectado. Valga lo uno por lo otro. También los libros quieren ser una casa para quien decide demorarse en ellos. 



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Me manda mi amigo J.M., de la editorial, un banner o cartela en el que figuran, ya agrupadas como unidad, las tres novelas que componen mi oficiosamente denominada Trilogía de la Transición. Quizá no haya nada más difícil para un escritor -y más, para un escritor en precario, como es mi caso- que transmitir, no ya sus obras concretas y aisladas, sino la superestructura ideal que uno quisiera que otros vieran en el conjunto de su trabajo. Una solapa más o menos no va a significar mucho en la consecución de ese difícil y acaso vano empeño. Pero hace ilusión. Y hasta el anglicismo me parece que cobra cierto sentido: bajo ese estandarte -banner- quiso uno encuadrar las tres novelas, que pocos habrán leído en su totalidad, y que posiblemente anden dispersas, separada cada una de ellas de sus hermanas, en unos pocos centenares de bibliotecas particulares. Son un ejército en desbandada, sí; pero ahora tienen bandera.



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Quizá lo único cierto que se puede decir respecto a la mala conciencia es que es, ante todo, una conciencia confusa, o confundida (cuando no hipócrita): la falsa idea que tiene de sí mismo quien se cree superior a sus propios actos. Y que conste que no va por nadie: me aplico el cuento.

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