miércoles, febrero 27, 2013

TREINTA AÑOS

Estoy a punto de cumplir, o puede que haya cumplido ya, mis treinta años como articulista, o simplemente como escritor en periódicos. No he hecho las comprobaciones pertinentes -los recortes en cuestión deben de estar en alguna caja inaccesible, en el trastero-, pero recuerdo con cierta precisión que mis primeros artículos publicados fueron dos que envié a las páginas de cultura de un periódico malagueño -ahora no me acuerdo si era Sol o Sur-, y que uno de ellos era una semblanza del poeta inglés John Keats, cuya obra acababa de leer yo entonces, y que todo eso ocurría en el curso 1983-84. Aunque es posible que el otro artículo de los dos que formaban la tanda apareciera antes: una reseña de Lágrimas de luz, un notable cantar de gesta futurista que acababa de publicar mi paisano Rafael Marín, a quien todavía no conocía personalmente. Ése fue mi estreno. Pronto vendrían otras colaboraciones: la polémica serie de artículos sobre la literatura gaditana de posguerra que firmamos José Antonio Bablé, Rafael Ramírez Escoto y un servidor en Diario de Cádiz, la columna quincenal que mantuve durante casi toda la andadura de Citas, suplemento literario de Diario de Jerez, las series de artículos sobre cine que escribí para varias ediciones de Alcances, la muestra cinematográfica gaditana, también en Diario de Cádiz, las reseñas que hice para el suplemento literario de ese periódico, la Columna de humo semanal que empecé a publicar en diciembre del año 2000 y mantuve hasta hace apenas unos meses, la columna de cine y las reseñas que escribí en el suplemento de Diario de Sevilla, la colaboración que todavía mantengo -cruzo los  dedos, por esto de la crisis- en El Cultural, etc.; a lo que hay que sumar algunas apariciones esporádicas en El País, en los fugaces periódicos madrileños Liberación y El Independiente, y en algún que otro periódico hispanoamericano...  Algo de todo esto he recogido en libro: en los dos de cine que he publicado, en la compilación Columna de humo, en Gigantes y molinos, donde recogí la serie escrita en torno al Quijote en el año de su centenario, o en el que publicaré próximamente con una selección de las reseñas de literatura autobiográfica que hago para El Cultural... 

Pero quizá el verdadero orgullo del articulista no estribe en lo que ha logrado reunir -he estado a punto de escribir "salvar", lo que hubiera sido una ingenuidad- en libros si acaso un poco menos volanderos que los propios periódicos, sino en lo que ha dejado disperso por ahí, fugaz como el instante mismo en que surgió la idea que dio pie al artículo concreto en cada uno de los casos. A veces me distraigo planeando improbables compilaciones de toda esa obra dispersa, que no creo que nunca me anime a llevar a cabo. La suma de todos esos artículos ofrece una imagen acabada de lo que han sido mi vida y mis afanes en estos treinta años. Casi diría que han sido la columna vertebral de mi escritura, porque han sido los textos menos fantasmales que he escrito, los más atados a la realidad, los ceñidos a un compromiso de entrega y a la necesidad de llenar un espacio previamente comprometido en un periódico. Me he dejado la piel en ellos. Y ahora, tras treinta años de dedicación a este oficio de humo, vuelvo a sentirme ilusionado como un principiante ante la inminencia de reanudar mi labor de columnista semanal, esta vez en El Independiente, el nuevo periódico que está gestando un animoso grupo de periodistas gaditanos... Treinta años. Se dice pronto.     

3 comentarios:

RM dijo...

Todavía, treinta años más tarde, aquella reseña de Lágrimas de luz sigue pareciéndome de las mejores que me han hecho jamás. Felicidades.

gatoflauta dijo...

Felicidades. Y que dure (otros treinta años no estarían mal, para empezar). Por ti y por los lectores.

Tiemann Pl. dijo...

Felicidades José Manuel.