jueves, marzo 14, 2013

FANTASMAS

Hablando del compañero enfermo, hoy nos atrevemos a pronunciar con todas las letras el nombre de su mal, y así parece que lo conjuramos un poco. No deja de ser curioso el miedo que les tenemos a ciertas palabras: tumor, cáncer... También a mí me cuesta escribirlas. Por eso hoy hemos incurrido todos en la estrategia del niño asustado que, para espantar su miedo, lo nombra una y otra vez, y luego abre los ojos, para certificar que el fantasma invocado no ha hecho acto de presencia.

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Al corregir las pruebas de La novela de K., el tramo de este diario correspondiente al curso 2007-2008, encuentro un apunte referente a otra corrección de pruebas que llevaba a cabo entonces, la de mi novela Los bosques sumergidos, que finalmente no llegó a publicarse. Nadie me dio explicaciones del motivo, ni yo, pronto dedicado en cuerpo y alma a la trilogía que absorbió todas mis fuerzas en los años siguientes, quise molestarme siquiera en hacer una llamada para interesarme por la suerte de ese proyecto descarrilado. Lo que sí parecía evidente era que la editorial en cuestión dependía casi enteramente de subvenciones; y que, cortado el grifo -los primeros síntomas de la crisis ya empezaban a notarse-, todos su compromisos y proyectos se quedaron en papel mojado. En mis cajones guardo el abusivo contrato -reclamaban la "exclusividad" de mis tres próximos libros, por ejemplo- que no llegaron a cumplir, y que yo ni siquiera me he molestado en impugnar o en llevar a los tribunales. La novela en cuestión la sacaré un día de éstos, cuando me apetezca. Pero me alegro de haber aprendido la lección. Si la literatura ha de subsistir en este mundo, habrá de ser por sus propios medios y recursos, y no por las limosnas del estado. El lamentable tingladillo dependiente de éstas sigue existiendo aún, aunque en estado terminal. Ya sólo falta que alguien le dé el empujoncito que necesita para terminar de caerse.

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Bien pensado, contar con este libro fantasma en mi bibliografía no deja de ser un adorno, y también una trampa para eruditos. Cuánta alegría proporcionará, dentro de cincuenta años, pongo por caso, al tesinando que la desempolve... y la vuelva a arrumbar, después de haber sacado de ella un dato más para su estudio de la desfalleciente literatura española de finales del siglo XX...

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