lunes, marzo 18, 2013

MIENTRAS


Mientras en las portadas de los periódicos y los boletines de noticias arrecian las tormentas de la actualidad -la intervención de la banca chipriota, y la puesta en marcha del primer "corralito" financiero dentro de la Unión Europea, con incautación directa de parte de los fondos depositados por los ahorradores en las cuentas bancarias-, la vida cotidiana sigue por sus fueros, ajena a esas preocupantes realidades externas que tarde o temprano acabarán incidiendo en las de cada uno de nosotros. Asisto el viernes a la lectura poética de Javier Lostalé, que deja en los escasos asistentes una grata sensación de asentimiento al poder evocador de la palabra bien modulada -el poeta posee una voz entrenada en la locución serena y evocadora, como conviene al programa radiofónico que ha hecho durante lustros, y en el que yo lo conocí hace años, cuando intervine en el mismo con motivo de la presentación madrileña de mi Cuaderno de Zahara- y de la experiencia vivida y contada -porque el poeta desgranó numerosas anécdotas referidas a su trato con algunos de los protagonistas de la poesía española de los últimos cuarenta años-; y paso sábado y domingo en la sierra, donde hago una vez más la ronda de la amistad y el repaso a todos los proyectos pendientes, antiguos y nuevos -un concurso de pintura completamente promovido por particulares, sin participación de ninguna institución política, un proyecto de edición artesanal en el que tengo alguna parte, etc.- que mantienen al pequeño grupo de amigos que allí tengo en un nivel de actividad que desmiente ampliamente las imputaciones de parálisis y penuria que teóricamente recaen sobre la situación general del país. Cuando hablo de "actividad", no me refiero a negocios meramente lucrativos, sino a todo tipo de realizaciones dictadas por una creatividad que no se resigna a esperar que vengan otros a organizarla y encauzarla y, cómo no, a subvencionarla. Naturalmente, puede haber quien detecte en todo este movimiento un elemento de intrascendencia, e incluso de puerilidad: particulares que se "distraen" pintando cuadros fuera de cualquier circuito artístico, o imprimiendo libros que no trascenderán del pequeño círculo en el que han nacido. Pero mejor esto que la mera resignación o la suicida confianza de algunos en que, a la vuelta de uno o dos años, todo volverá a ser como antes, y volverán a afluir las subvenciones, y a mandar sobre la cultura, como hasta anteayer, los indocumentados que ocupan los despachos. Aunque quién sabe.

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