martes, marzo 26, 2013

TÁNGER EN LA IMAGINACIÓN

La verdad es que, si es cierto que el evasivo guión de Casablanca e incluso la planificación general de la película se concibieron pensando en Tánger, muchos detalles cobran sentido. Por ejemplo, el hecho de que Ilsa (Ingrid Bergman) se dirija a Ferrari, el principal competidor de Rick, como señor, en español; aunque la caracterización de éste, incluyendo el uso del fez en combinación con la vestimenta occidental, haga pensar más bien en un judío sefardí, elemento también característico de la hasta entonces ciudad internacional -aunque temporalmente ocupada por el ejército español; lo que también hubiera explicado, por cierto, mejor que la delicada posición de las autoridades del régimen de Vichy en el Marruecos francés, el trato entre elusivo y deferente que las autoridades locales dispensan a los enviados alemanes-; o que Ugarte (Peter Lorre), con sus antecedentes izquierdistas y sus apelaciones al pasado revolucionario de Rick, responda enteramente al perfil de un exiliado republicano que ahora malvive de los tráficos ilícitos, aunque no del todo desligados de su sensibilidad política. Y explica, incluso, que una de las fotos fijas de ambiente que salen al comienzo de la película parezca una vista de Tánger desde un poco más allá de la Gran Mezquita sita al filo de la medina, lo que explica la perspectiva descendente en la que se alinean las edificaciones y la presencia del mar al fondo. No digamos ya el ambiente cosmopolita y corrupto, que no se correspondía en absoluto con el de la provinciana Casablanca de entonces.

No se me va Tánger de la imaginación.



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Y, por eso mismo, releo el número de Nejma dedicado a Chukri (o Choukri) y sus compañeros de generación a la vez que abordo la nueva traducción española de El pan a secas. Y me llama la atención el retrato del novelista que abre el citado monográfico: ojos pequeños, pícaros, inquisitivos, un poco quizá demasiado juntos; frente despejada, enmarcada en una mata de pelo ingobernable y encrespado; barbita mefistofélica... En según qué poses, el narrador de la mala vida de Tánger se parece, como una gota de agua a otra, a... mi paisano Carlos Edmundo de Ory; en cuyo diario madrileño, por cierto, casi coetáneo de los aconteceres que se cuentan en Le pain nu, hay bastantes páginas de hambre, sexo, miseria y bohemia que recuerdan no poco las andanzas del marroquí.



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No sabía, o no recordaba, que Ángel Vázquez, el autor de La vida perra de Juanita Narboni, había ganado previamente nada menos que el premio Planeta; lo que no le salvó de la marginalidad, la miseria y el relativo olvido. Toda una lección. Eso sí: Lara asistió a su entierro.

2 comentarios:

gatoflauta dijo...

No sólo asistió a su entierro, sino que lo pagó. Eduardo Haro Tecglen ha contado por alguna parte que él (que fue director del diario "España", allí en Tánger, y que conocía y apreciaba a Ángel Vázquez) recibió una llamada informándole de que AV había muerto solo, en una pensión madrileña, y que no había dejado dinero ni para pagar su entierro (sólo dejó deudas). EHT llamó a Lara, y éste se hizo cargo de todo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por el dato. Mi fuente era más discreta y sólo decía que Lara pronunció unas palabras en ese entierro.