miércoles, abril 17, 2013

ANTIPÁTICO

Quizá esté llegando el momento de hacer lo que los amigos de El Independiente: volver al papel y dejar de poner las cosas de uno en Internet. Ando dándole vueltas a esa idea. Y no porque desprecie las posibilidades del medio. Todo lo contrario: el uso del blog como formato y herramienta de trabajo me ha permitido desarrollar un proyecto de diario personal al que venía dándole vueltas prácticamente desde mis comienzos como escritor, pero que no me había decidido a emprender antes por escepticismo hacia mis posibilidades reales de articular algo que no terminara siendo un diario para ser publicado post-mortem, pongo por caso. Desde que abrí este blog en diciembre de 2005, no sólo he escrito ese diario íntimo, pero no privado, que deseaba escribir, sino que he llegado a concebir el conjunto de mis escritos como partes orgánicamente dependientes de ese hilo conductor autobiográfico que el blog me proporcionaba. Como le decía esta mañana a un colega que ha tenido la amabilidad de entrevistarme, y que me preguntaba por el sentido general de mi trabajo: Algo así como una indagación en lo autobiográfico para encontrar y aislar el hilo de ficción narrativa que sustenta toda conciencia. Sí, ya sé que suena pasado de rosca, pero no se me ocurre otra manera de decirlo sin extenderme. Pero asignar ese cometido central a esta volátil herramienta implica, también, la necesidad de extremar las precauciones para que ésta no se degrade, no descienda al simple chismorreo o a la exhibición impúdica, no pierda mordiente literaria en aras de una mayor legibilidad, en competencia abierta con otras opciones de la Red que, también acogidas teóricamente al pretexto literario, ofrecen otras cosas. Algo me dice que la irrupción en la red de otros formatos y herramientas, tales como Twitter o Facebook, ha matado al blog; y lo han hecho, quizá, porque le han quitado al usuario medio de estas herramientas el sosiego necesario para dedicar siquiera unos minutos al día a la lectura de una entrada que abarque, pongamos, medio folio. O, quizá, simplemente, la irrupción de las mismas no ha hecho sino poner de manifiesto cuál ha de ser la deriva natural de lo escrito por largo en las beneméritas condiciones que ofrecía el blog: volver al medio impreso. En eso estamos.

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O a lo mejor es que uno es un antipático irredimible, y por eso se le van los lectores. Es lo que me pasó esta mañana con esta amable amiga. Me preguntó si no había sido el difunto Sampedro quien dijo que "habíamos de dejar de esforzarnos en pensar en francés o en inglés para pensar simplemente en humano".Le respondí que ignoraba quién había dicho semejante cosa; pero que, en cualquier caso, era una tontería, porque la palabra es el único sustento del pensamiento, y ésta nos llega siempre articulada en un idioma concreto... Me miró como si no diera crédito a mi absoluta falta de empatía con una frase tan bienintencionada. Y me dio la espalda sin más.

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Y, no sé por qué, me acuerdo ahora de ese ilusionado adolescente, normalmente tímido, que el otro día quiso meter baza en el aburrido debate que estábamos teniendo en la clase de inglés sobre películas de las que suelen ver los de su edad, y declaró con orgullo que él acababa de ver Fahrenheit 451 de Truffaut, y que le había entusiasmado...

2 comentarios:

domingovallejo dijo...

Cada vez que paso por aquí salgo satisfecho por sus entradas de literatura, cine y actualidad. Hoy me ha arrancado una sonrisa esa salida del alumno con la película de Truffaut.
Con simpatía. Domingo Vallejo

J.L.Martín ( Sevilla ) dijo...

Muchos usamos su blog como lenitivo diario. Cada día, después - o durante - el primer café, algunos amigos encendemos el ordenador y seguimos la misma rutina: Columna de humo, Hemeroflexia, Escrito en un instante y Microrréplicas.