martes, abril 16, 2013

SÍ, PERO


Debe de tener un nombre este ánimo fluctuante entre la depresión y la ansiedad, y que sólo encuentra el equilibrio en algún impreciso punto medio en el que la mente ocupada no se acuerda ni de la futilidad de sus afanes ni del innominado apremio que, contra toda lógica, le empuja a  satisfacerlos... Como cuando escribo, por ejemplo.


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(Sobre la fecha de anteayer) Cuando ellos dicen "República", yo siempre digo: Sí, pero ¿de qué clase?


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A todos se nos llena la boca acordándonos de ese puñado de hombres buenos, nobles, íntegros, etc., a los que hemos dado en llamar "la tercera España": los J.R.J., Chaves Nogales y demás. En la fantasía, en la soledad de nuestros despachos o en nuestras horas de lectura es fácil pensar que podríamos suscribir su difícil posición en medio de las brutales oleadas de pasiones colectivas a las que de vez en cuando se abandona este país. Pero ahora que parece que las cosas vuelven a enredarse, y que definirse ante los acontecimientos empieza a ser tan comprometido como en otros tiempos, ¿dónde está la "tercera España" de hoy?, ¿quiénes la integran?, ¿qué defienden? Porque cierto es que, incluso en medio del más cruel y sanguinario de nuestros enfrentamientos civiles, hubo quienes lograron salvar el honor y la dignidad sin dejar de representar la causa de la razón, la humanidad y la cultura. A su lado, los que ahora abrimos el pico para trinar un poco parecemos todos... unos botarates. Aunque también es posible que los de entonces, desde su sensación de impotencia e insignificancia, tampoco se sintieran mucho mejor.


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Mission a Tanger, de André Hunebelle (1949): una especie de aventura de Bond avant la lettre, que tuvo incluso secuelas, y que habla de una época en la que el cine europeo todavía aspiraba a conquistar grandes públicos sin recurrir a impertinentes coartadas culturales. Al fondo, como tantas veces, el perfil más fotogénico de Tánger -el de la qasba vista desde la fachada marítima-, los rótulos luminosos de sus locales nocturnos y sus sombrías callejuelas reconstruidas en estudio. Y en medio de ese decorado, la sempiterna y algo tópica fauna internacional de espías, mujeres de vida airada, diplomáticos y militares. Entre éstos últimos, por cierto, cierto general español bajito, borrachín y mujeriego, interpretado por el todavía poco conocido cómico Louis de Funès... Aunque la película transcurre por los trillados senderos del Tánger cosmopolita, no hay que olvidar que, durante la guerra, la ciudad estuvo ocupada por el ejército español, que no se retiró de ella hasta que el desembarco aliado en el norte de África mostró bien a las claras que las tornas empezaban a cambiar para el Eje y sus adláteres. La película está rodada con ampulosa elegancia -las escenas ambientadas en el cabaret Morocco son modélicas en ese aspecto, con sus grandes planos generales, sus calculadas interpolaciones musicales y coreográficas, sus diálogos cargados de intención-, los actores tienen presencia y carácter y las mujeres, como corresponde a esta edad del cine, son bellísimas. Qué más se puede pedir. 

2 comentarios:

anónimo dijo...

Yo sospecho que tu pregunta sobre la república no se la hacen, en efecto, la gran mayoría de sus partidarios, que simplemente la ven como una especie de ideal, con poco o ningún contacto con las miserias cotidianas. No sé si de veras prefieren a una monarquía como Suecia, Holanda o Inglaterra una república como la italiana o la griega, por no salirnos de Europa. Hay repúblicas lamentables y envidiables monarquías, como hay todo lo contrario. Pero es más cómodo y gratificante pensar en panaceas que en los fastidiosos y concretos problemas cotidianos, y en las concretas, y tantas veces poco estimulantes, maneras de resolverlos.

Gatoflauta (no sé cómo hacer que aparezca mi alias, que ya conoces. Perdón).

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Totalmente de acuerdo. Gracias por el comentario. Y bienvenido siempre.