lunes, abril 22, 2013

UNA RONDA

Por alguna razón, este año me siento tolerante hacia el habitualmente muy molesto rally que turba durante un fin de semana la paz del pueblo y hace que una multitud ruidosa y no siempre considerada ocupe las cunetas de la carretera de acceso, por la que transcurre la carrera. Lo normal, ya digo, es que me deshaga en maldiciones al respecto. Pero este año me ha parecido hermosa la imagen de esa multitud proletaria y mayoritariamente juvenil subiendo a pie la carretera con las neveras a cuestas, buscando un sitio idóneo desde el que ver los volantazos y acelerones de estos sufridos coches trucados a los que uno adivina muchas carreras detrás, muchos sueños baratos urdidos entre cuatro aficionados a la luz mortecina de un taller con los suelos manchados de grasa y la pared presidida por una espectacular rubia de calendario... 

Me he levantado hoy con el ánimo peliculero. Como me dure, lo mismo me pongo a hacer poesía social.

***

"El cuerpo, el de los nueve agujeros", leo de pasada que dice JRJ en un apunte en prosa. Y la verdad es que yo nunca me había parado a contarlos. Pero sí, nueve son (contando por separado cada una de las fosas nasales). Eso sí, dejando a un lado los poros...

***

Nos lo cruzamos habitualmente en nuestros paseos por los alrededores del pueblo. Es un hombre mayor, al que no le conocemos familia. Lo saludamos siempre y a veces nos paramos con él a intercambiar algún comentario sobre el tiempo que hace. Como ya no se cocina, ha llegado a un acuerdo con un hostelero local para que éste le ponga por delante todos los días un plato de comida caliente. El sábado coincidimos a la hora de almorzar. Y, para sorpresa nuestra, oímos que le decía al encargado que nos sirviera  una ronda a su cuenta, porque -dijo- somos muy amables con él y lo saludamos siempre por la calle... Y aceptamos humildemente la invitación, felices de que ese acto nuestro de elemental cortesía tenga para este hombre -que siempre pasea solo, sin unirse a los corrillos que forman los otros viejos- esa especial significación, y adorne algo esos largos paseos en los que, más allá de cruzarse alguna que otra vez con estos visitantes ocasionales, no sucede nunca nada digno de mención.

***

Proyectos que van cuajando. Todos de muy poca monta y casi nulo beneficio, pero, en todo caso, suficientes para que uno no se deje llevar por el desánimo y se cruce de brazos a esperar... ¿qué? Lo que esperan quienes no se han dado todavía cuenta de que los viejos tiempos, aquellos en los que lo importante no era tanto tener ideas como tener un amigote que las respaldara desde alguna institución, no van a volver nunca. Salvo para esos dos o tres, claro, para quienes el grifo nunca llegó a cerrarse.

No hay comentarios: