jueves, mayo 09, 2013

BEATUS ILLE



En otros tiempos, el ciudadano atareado que se paraba en el Paseo Marítimo a contemplar los cuerpos de los bañistas no sentía otra cosa que envidia, tocada quizá de un punto de melancolía si esos cuerpos pertenecían a personas bellas, jóvenes, desinhibidas, gloriosamente indiferentes a las miradas más o menos resentidas o anhelantes de los transeúntes. En otros tiempos felices el mirón pensaba que quienes gozaban del privilegio de tomar el sol casi desnudos mientras otros apuraban la media hora del desayuno o acudían presurosamente a sus quehaceres eran, simplemente, ciudadanos afortunados, que disfrutaban de horarios laborales más clementes o de profesiones o situaciones vitales que les convertían en dueños y administradores de su tiempo. Lo mismo cabía decir de los eternos figurantes en las terrazas soleadas, de los demorados lectores de periódicos, o de quienes sacaban a pasear el perro a la misma hora en la que otros se afanaban en cuadrar un balance o en desmontar un carburador achacoso. Y hasta uno, en su condición de articulista de opinión sin opinión, de mero contemplador de la vida, no tenía a veces reparo en utilizar su columna para entonar, siempre en primavera, el elogio de la inactividad voluntaria, del disfrute del cuerpo, de la libertad de mente aparejada al ocio.

Hoy no se atreve uno a tanto. Lo primero que se le ocurre a este columnista al ver la mancha dorada de una espalda extendida al sol es que su propietaria quizá no sea tanto una privilegiada como alguien que no tiene nada mejor que hacer. Las apabullantes cifras de parados invitan más bien a cruzar los dedos cuando al ocupado se le pasa por la cabeza una sombra de envidia hacia quien no lo está. La crisis ha arruinado un viejísimo y muy respetable tópico literario: el del Beatus ille. Ahora el desocupado es más bien depositario de una lacra social. Y la primavera anda revuelta y desorientada.

Publicado el pasado viernes 
en El Independiente

2 comentarios:

Anónimo dijo...

de kien es esta obra????

José Manuel Benítez Ariza dijo...

¿El cuadro? De Gauguin. El artículo, por supuesto, es mío.