miércoles, mayo 08, 2013

COMPARSAS

De nuevo bajo el peso de la astenia primaveral. La mañana se me hace increíblemente larga, me cuesta concentrarme en las tareas más elementales, y mi única aspiración es llegar al sueñecillo reparador de la hora de la siesta, tras el que sé que me esperan nuevas tareas. La tarde, de todos modos, es otra cosa: siempre me he sentido mejor, más activo y despierto -y puede que más ágil de mente- en el intervalo que va, pongamos, de las cinco a las nueve de la tarde -eso sí, tras la preceptiva siesta- que en el mismo número de horas en el hueco de la mañana. O tal vez esto, como tantas otras cosas de uno, se deba simplemente a la costumbre -que es también la adaptación de los biorritmos propios a las imposiciones algo desconsideradas de la realidad-, que es la que ha querido que el tiempo del ocio creativo -llamámoslo así- no tenga otro hueco que la tarde. Benditas sean.

***

Primera entrevista sobre La novela de K. Y, por tanto, primera ocasión en la que, con antelación a las presentaciones previstas, me veo obligado a improvisar un discurso más o menos descriptivo de lo que es el libro. Titubeo, dudo, hilvano largas parrafadas que quizá no remato con toda la claridad argumentativa que hubiera querido... y, a la vez, tomo carrerilla y yo mismo me sorprendo de la coherencia ad hoc, absolutamente impensada e imprevista, de mi discurso. Por suerte esta vez he respondido a la llamada desde la intimidad de mi casa: otras veces me he visto obligado al mismo alarde improvisado ante los oídos y los ojos de algún que otro sorprendido compañero de trabajo, o ante la concurrencia de un autobús o un bar. Es la parte histriónica de este trabajo. De la que no me quejo, por cierto: también libera su pequeña dosis de adrenalina. Y entre una cosa y otra, nos distraemos.

***

¿Y qué es el libro? Algo más que una nueva entrega impresa de este diario. Una novela en bruto, me digo, que se ha contagiado de los procedimientos estructurales de las novelas de fundamento autobiográfico que he ido pergeñando en los últimos años; y, sobre todo, de la certeza de que cualquier tranche de vie, mirado con la suficiente atención, cuenta con los elementos constitutivos de una novela realista canónica: personajes, ambientes, tramas, referencia implícita o explícita al momento histórico, etc. A éste, además, el azar lo ha querido dotar de un personaje único -y no es vanagloria, porque se trata simplemente de eso: de un elemento sobrevenido por puro azar-: la gata. Ella es la verdadera protagonista del libro. Los demás sólo somos... comparsas. Como muy bien sabe todo el que convive con un gato de verdad.  

2 comentarios:

José Luis Piquero dijo...

Para la astenia, Denuvil (o Denubil, ahora no recuerdo). Se compra libremente en cualquier farmacia y es mano de santo. Hazme caso.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, JL. Aprovecho para felicitarte por tus artículos en El Independiente.