lunes, mayo 06, 2013

DESCARGO


En el hueco de la mañana hubo espacio para que luciera un sol rabioso, se nublara, lloviera, granizara y volviera a salir el sol. Nos habíamos unido a la improvisada fiesta con la que un grupo de vecinos y amigos habían decidido "inaugurar" por su cuenta y riesgo la plaza recién reformada, que había estado en obras durante meses. Habían comprado un jamón a escote, al que había que sumar otras viandas más o menos de la tierra, aportadas por los participantes: desde un queso artesano que, a decir de quienes lo comieron (yo no: padezco una involuntaria pero insuperable aversión a este alimento), estaba delicioso, a un sospechoso mosto oscurecido con moscatel, pasando por una sabrosa butifarra y un celebrado revuelto de huevos y tagarninas... El cielo se aclaraba y oscurecía sobre el animado grupo, e incluso dejó caer unos fríos y gordos goterones muy espaciados, a modo de advertencia. Para cuando se decidió a llover, ya habíamos dado buena cuenta de la mayor parte del banquete, y sólo hubo que poner bajo cubierto lo que quedaba -ya muy poco- de la pata de jamón. Quién más, quién menos, todos teníamos nuestros problemas, que no eran más que la modulación particular que en cada uno de nosotros adquiría el malestar general de los tiempos. Pero, al menos en lo que duró la fiesta, nos olvidamos de ellos. 

***

K. sentada en la mesa, junto a una pila de ejemplares de La novela de K., cuyo olor, a juzgar por el concienzudo examen olfativo al que ha sometido los libros recién llegados de imprenta, no le disgusta del todo.

***

Frente a lo que pudiera pensarse, estar demasiado ocupado no depara muchas cosas que contar, y menos de las que puede interesar anotar en un diario. Un diario íntimo es, básicamente, el descargo de conciencia de un desocupado, que así quizá siente que lo es menos. 

1 comentario:

Alejandro Pérez Ordóñez dijo...

Bonita escena: K. junto a sus libros...