miércoles, mayo 29, 2013

FUTILIDADES

Después de años de una cierta contención, la retórica anda de nuevo desbocada. Sólo que esos años habían vacunado contra sus efectos a toda una generación, y ahora el espectáculo de esa verborrea desatada (ya sea para denunciar agravios, o infligirlos, o sacar a la palestra viejas causas en las que ya nadie creía) sobre los incautos que, por despiste o inadvertencia, no se inmunizaron contra ella, da un poco de risa, sí, y mucho miedo. 

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Al nivel que la ejerce uno, la literatura no es sólo una pasión inútil, sino sobre todo una tarea enormemente improductiva. Pero basta que un tercero inadvertido te oiga cuchichear de los compromisos contraídos, de las tardes comprometidas, de tus idas y venidas por esta causa, para que de inmediato sospeche que lo que te traes entre manos es una actividad no del todo lícita, de la que se derivan inexplicables beneficios tampoco del todo confesables... Cosa que nadie pensaría de uno si, simplemente, declarara que dedica las tardes..., no sé..., a dar clases particulares de matemáticas, por ejemplo; aunque esa otra actividad sea mucho más rentable.

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Escribía el otro día mi amigo F.B.R. que alguien le había preguntado insistentemente qué era el éxito, y que él había intentado explicarle, en vano, que era algo que se deriva del azar de que a determinados tontos bien situados les dé por hablar bien de uno... Así debe de ser, imagino, en muchos casos. Aunque también está el éxito merecido, que no hay que menospreciar ni echar en saco roto. Y algo que debe de parecerse mucho al éxito, y que es lo que uno desearía para sí, si le fuera dado alcanzarlo: la íntima satisfacción con los propios logros, y la conciencia de que el fundamento de esa íntima satisfacción es compartido por un cierto número de personas, no demasiadas, las suficientes como para que el mecanismo mundano del que depende, digamos, la viabilidad social del trabajo de uno genere una cierta demanda de lo que uno produce, y mantenga a raya el insidioso sentimiento de futilidad que suele ir inevitablemente aparejado a esta clase de tareas... No sé si me explico. 

2 comentarios:

Tiemann Pl. dijo...

Felicitarle por aparecer entre los autores que Andrés Trapiello acostumbra a seguir, como cuenta en su entrevista a Jot Down: http://hemeroflexia.blogspot.com.es/2013/05/completa.html

Un pequeño éxito.
Saludos
Paco

gatoflauta dijo...

Se explica usté como un (buen) libro abierto. Sólo que a ciertas alturas hay que pechar incluso con la sospecha de futilidad, y seguir adelante pese a todo. Aunque sea sólo por aquel consuelo de la desesperanza: qué iba a hacer uno si no, dónde vas a ir, ya no que mejor estés, sino que no te sientas definitivamente desplazado. Como decía el otro dando la vuelta al tópico, la situación es desesperada, pero no grave.