martes, mayo 07, 2013

GANAS

La primavera se afianza en sus tópicos. Al peso cierto de la astenia se unen las no menos manifiestas cuitas del alma encogida. Ritos de la estación: la conquista progresiva de los espacios abiertos, la creciente desinhibición corporal -ese frente de playa lleno ya de mujeres con los pechos al aire-, la pereza anticipada ante las obligaciones aparejadas a la fecha, desde el deber de rendir cuentas ante el fisco a la no menos obligada cita, para quienes todavía no hemos salido del medio académico, con los exámenes finales y la burocracia del fin de curso... También, para quien puede permitírselos o está en edad de ello, los amores y desamores primaverales, ese explosivo cóctel de sentimiento y hormonas, si es que ambas cosas no son lo mismo. Y la evidencia de que algunas de estas cosas -excluida, naturalmente, la cita con Hacienda- son hermosas principalmente sobre el papel, y puede que retrospectivamente, pero no tanto en el día a día. Quien lo vivió lo sabe.


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Leo o me llegan al oído diversos testimonios (unos cuantos más) de la amplia gama de vanidades crecidas, desmesurado cálculo de las capacidades propias e infinita tontería que se concita en torno a la actividad literaria. Siempre he pensado que el origen de todas estas confusiones está en la radical e indisoluble polisemia de la palabra "literatura". No, no es lo mismo -y no hablo ya de méritos- lo que hace el íntimamente obligado a rendir cuentas de sí mismo y de su mundo más o menos propio ante una pantalla en blanco que quien se sienta ante esa misma pantalla para pergeñar una nueva aportación a la industria del ocio; pero tampoco se asimilan fácilmente a una u otra categoría las aspiraciones del listillo que, en estas procelosas aguas permanentemente revueltas, cree que siempre es posible pescar algo. 

Y ya sólo faltaban las "redes sociales": nunca la tontería contó con un altavoz tan adecuado.


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No gozan de ningún crédito, sí. Pero cuando se ponen detrás de un micrófono y dicen que la situación está controlada y que los problemas terminarán por resolverse, uno tiene ganas de creerlos. Y mira que es difícil. 

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